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La princesa Magdalena, radiante con un favorecedor vestido de gasa gris y un chal negro adornado en piel
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su compromiso con los más desfavorecidos llevó a madre e hija a la Gran Manzana para asistir a la gala benéfica de la World Childhood Foundation

LA REINA SILVIA Y LA PRINCESA MAGDALENA: DOS CORAZONES AL SERVICIO DE LOS NIÑOS

Deslumbraron por su belleza y elegancia en una gala benéfica en la Gran Manzana

14 NOVIEMBRE 2007
Hoy en día, reinas y princesas, lejos de encerrarse en sus castillos como antaño, se comprometen cada día con más proyectos humanitarios, fundaciones y ONGs, que tratan de llevar un mensaje de esperanza allá donde todo parece perdido. Ha sido y es el caso de la reina Silvia de Suecia, y ahora también de su hija, la princesa Magdalena, que hacen uso de su cargo y su influencia para realizar labores de solidaridad por todo el mundo, especialmente, a favor de los niños. Precisamente, su compromiso con los más desfavorecidos llevó a madre e hija a la Gran Manzana para asistir a la gala benéfica de la World Childhood Foundation. Organización, instituida en 1999 por la soberana sueca, dedicada a ayudar a los niños más vulnerables de todo el mundo, especialmente a aquellos que son víctimas de abusos sexuales y explotación.

A la princesa Magdalena no le agrada estar permanentemente en el punto de mira –huyó de Londres cuando se instaló allí para cursar un master al sentir que despertaba un exagerado interés en los medios de comunicación británicos–, pero el punto de mira ciertamente la adora. De manera que la bella princesa escandinava volvió a convertirse una vez más, cómo no podía ser de otra forma, en la reina del baile con un favorecedor vestido de gasa gris y un chal negro con adornos de piel. Tal vez haya contribuido a tal radiante aspecto el hecho de encontrarse enormemente feliz en este país, que concedió a la Princesa una existencia anónima durante casi un año junto a su novio, Jonas Bergström, mientras realizaba unas prácticas en UNICEF, y en el que confirmó su vocación humanitaria. Casi dos años después, la segunda hija de los soberanos suecos ha regresado a Estados Unidos, donde aterrizó la semana pasada para visitar -previamente a esta cita de gala- las instalaciones en Washington de la World Childhood Foundation.

También la reina Silvia, radiante con un vestido verde esmeralda, joyas a juego y una magnífica estola blanca, hizo sombra a las damas invitadas por su belleza y elegancia. Su presencia en la gala benéfica de la World Childhood, de la que es fundadora, era obligada, pero también se trataba de una muestra más de los continuos esfuerzos de la soberana en su lucha contra las desigualdades. Su último viaje humanitario a Colombia y su posterior visita a Brasil, donde apoya diversos programas de ayuda a los niños de la calle en Sao Paulo, así lo avalan. La Reina ya ha creado escuela. Su hija Magdalena sigue sus pasos filantrópicos y comparte con ella la visión de su doble labor como miembro de la Familia Real sueca: poner la corona al servicio de su reino y el corazón al servicio de los más necesitados.


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