Marta Ortega celebró su despedida de soltera en el palacio de Congresos de La Coruña mientras se ultiman a contrarreloj los preparativos de su boda

Decenas de operarios trabajan contrarreloj para que nada falle el día de la boda de Marta Ortega y el jinete Sergio Álvarez Moya. En Cambre, y más concretamente en la pueblo de Anceis donde se celebrará el enlace el próximo 18 de febrero, es un continuo ir y venir de camiones, coches y furgonetas, que salen y entran continuamente del pazo do Drozo, el lugar elegido por la pareja para celebrar el banquete.

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Según publica La voz de Galicia, los novios han instalado en el interior del pazo una gigantesca carpa calefactada, al más puro estilo de los village que se instalan en los concursos hípicos a los que son tan asiduos los prometidos. Dentro de ella, la hija de Amancio Ortega y su ya convertido en marido intentarán que su centenar de invitados, entre los que se encontrará su compañera de hípica y amiga Athina Onassis, se sientan lo más cómodos posibles. Tanto es así, que según informa este medio gallego la pareja ha confiado en una empresa canadiense para crear el ambiente idóneo en este día tan especial.

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Pero mientras llega el esperado momento de ver desfilar a la hija del hombre más rico de España vestida con un diseño de Zara, creado en exclusividad y por primera vez para este día, Marta continúa con su vida cotidiana. Si este pasado fin de semana la veíamos en Burdeos viendo competir a su chico, hace tan solo unos días, y como cualquier joven normal de su edad, la hija de Amancio Ortega celebró su despedida de soltera con un reducido grupo de amigos. La celebración tuvo lugar en uno de los salones del palacio de Congresos de La Coruña, Palexco, un lugar nada habitual para este tipo de eventos, pero que proporcionaba a la novia la discreción e intimidad que la caracterizan.

Sin traicionar quiénes son ni de dónde vienen, el banquete del enlace correrá a cargo del chef gallego Marcelo Tejedor, de Casa Marcelo, y en el menú tendrá especial importancia los productos de la tierra. De todos detalles se ha encargado personalmente Marta con la ayuda de su madre, Flora Pérez Marcote, con la que guarda un asombroso parecido. Lo suyo, está claro, que es sencillez con buen gusto. Como su vida.


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