Íker Casillas y Eugenia Silva muestran en Mali su lado más solidario

El futbolista y la modelo han visitado los proyectos contra la pobreza y la violencia infantiles que la ONG Plan, de la que son embajadores, lleva a cabo en el país africano

Si sus respectivos éxitos en el terreno de juego y en las pasarelas siempre nos alegran, sus esfuerzos por erradicar la pobreza infantil y llevar una sonrisa a los más pequeños nos llegan al corazón. El portero del Real Madrid y capitán de la selección española de fútbol Íker Casillas y la modelo Eugenia Silva han viajado estos días a Mali, como embajadores de la campaña “Paremos la pobreza infantil” de la ONG Plan (que presentaron el pasado mes de marzo en Madrid), para conocer de primera mano los proyectos que dicha organización está llevando a cabo con los niños en el país africano.



El primero en llegar fue el deportista. Un año después de haber visitado Perú con la misma ONG, Casillas ha querido contribuir a llevar la felicidad a algunos de los niños más pobres de África y “hacer llegar así a la opinión pública un grito de denuncia y una petición de ayuda y solidaridad”. Una semana después de terminar su participación en la Copa Confederaciones de Sudáfrica con la selección, Íker inició sus vacaciones realizando un viaje de diez horas hasta la capital malí, Bamako. "Vengo lleno de ilusión para ver cómo Plan trabaja para mejorar las condiciones de vida de los niños y para parar la violencia en las escuelas”, confesó Íker.



La primera parada en su intensa agenda fue el poblado de Sanambele, en la provincia de Kati-Kourou. Allí fue recibido con gran expectación por los más pequeños, que le prepararon un emotivo recibimiento junto a un grupo de folclore local. Al escuchar música tribal, Íker preguntó a una de las colaboradoras de Plan si era un día de fiesta: “Claro, la fiesta es que has venido tú. Han parado todo y a bailar”, le respondió ella. Y en un derroche de simpatía, el portero bailó una danza tradicional. El deportista también saludó a los ancianos de la comunidad, que le dieron su permiso para estar con ellos durante todo el día.



En la guardería de Sanambele, Íker conoció al niño malí que apadrinó con Plan y al que todavía no conocía: Bourama, de tres años y que vive con sus padres y sus dos hermanos en una casa de adobe con un techo de chapa. A Casillas se le iluminó la cara cuando se lo presentaron, lo tomó en brazos, lo besó y se mostró con él como un auténtico “padrazo”. “Estábamos los dos un poco nerviosos. Y aunque él estaba un poco serio y tristón, creo que cuando pasen los días se dará cuenta de que soy un buen padrino”, expresó sonriente el futbolista. 



El miércoles, Íker fue obsequiado con un baile tradicional y jugó un partido de fútbol con los lugareños, a los que repartió balones de fútbol con su firma. Además, le regalaron un traje típico que le cubría gran parte del cuerpo. “Esto es para el invierno, ¿no?” dijo divertido. La indumentaria se completaba con un gorro que una de las jóvenes ayudadas por Plan le colocó con algo de dificultad. “Dile que mi cabeza es muy grande”, dijo Casillas a la traductora de Plan que iba con él.



Eugenia Silva se unía a Íker el jueves para apoyar los programas de capacitación de mujeres y lucha contra la mutilación sexual femenina impulsados por la misma ONG. Con ella recorrió un poblado y recibió un obsequio de los habitantes. “Yo vengo a apoyar sobre todo a las niñas” dijo la modelo, que ha comprobado de primera mano en Mali el funcionamiento de varios programas desarrollados por esta organización en las comunidades malienses. “La mutilación femenina entraña graves riesgos para la salud de las niñas”, explicó Eugenia.



La siguiente parada de Casillas será en Kati, donde, entre el numeroso grupo de bienvenida, será recibido por el presidente de la Federación Malí de Fútbol, así como por las autoridades del poblado y los participantes en el proyecto que aquí se desarrolla. Después, le esperan los habitantes de Koulikoro, donde el guardameta pondrá punto final a su estancia en el país africano antes de regresar a España y continuar sus vacaciones. “Ha sido una experiencia muy positiva para mí y también para ellos. “La impresión que me he llevado de Mali es muy buena. Me voy con la sensación de que aquí son felices con poco. Nadie se queja. Un gesto o una sonrisa es todo para los chavales”, ha contado el portero del Real Madrid.

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