Encarcelada por 'secuestrar' a su propia hija

María José Carrascosa ya no sabe qué hacer para defenderse de su ex-marido, al que ha denunciado por bigamia, maltrato y envenenamiento. Mientras su hija permanece con sus abuelos, en Valencia, ella está en prisión en Estados Unidos a la espera de una sentencia que le devuelva la libertad

La existencia de María José transcurría sin sobresaltos a mediados de los noventa en su Buñol natal, un pueblo serrano de la provincia de Valencia, conocido en medio mundo por las fiestas de la Tomatina, hasta que un día vio cumplido su sueño de vivir en los Estados Unidos. Había viajado en varias ocasiones a aquel país para estudiar inglés y ahora llegaba el montar su propio negocio: una empresa de mercadotecnia, y de comprar una casa en Nueva Jersey. Su licenciatura en Derecho y un máster en Derecho Internacional le habrían nuevas perspectivas. A sus 35 años, con la vida solucionada, nada parecía indicar que el destino le tenía reservado un futuro lleno de sombras, lejos de su país, en el que esos estudios en leyes le iban a servir, a su pesar, para enfrentarse a un tribunal hostil.


Un flechazo virtual
Una tarde de finales de 1998, chateando por Internet, María José contacta con un norteamericano que se presenta como Peter Innes. Se intercambian las fotos de rigor y surge el flechazo. Todo va tan rápido que, cuando María José comunica a sus padres su intención de casarse tras un noviazgo virtual de cinco meses, no saben qué decir. ¿Quién iba a imaginar que tras aquella máscara de bondad del amigo americano se escondía un aprendiz de criminal?
El primer contratiempo del joven matrimonio no se hizo esperar: María José tuvo un aborto, pero su pronta recuperación y la ilusión de volver a intentarlo borraron enseguida la tristeza de su rostro. En la primavera de 2000, dio a luz a una preciosa niña, a la que llamó Victoria Inés y, por increíble que parezca, en ese momento Peter empezó a dar las primeras muestras de su carácter violento. A los constantes reproches y amenazas, María José respondía siempre con un "resignado silencio". No tenía más remedio que aguantar. Pero cuando llegaron los malos tratos decidió pedir ayuda al Servicio de Inmigración, que en abril de 2001 le concedió el estatus de mujer maltratada. Aún así, la convivencia se prolongó tres años más: los necesarios para reunir fuerzas y presentar la solicitud de nulidad matrimonial.


¿Bígamo y envenenador?
El motivo principal de la demanda de María José resultaba sorprendente. Peter Innes no era el verdadero nombre de su marido: al parecer habría suplantado la identidad de un muerto para poder contraer matrimonio. Y no era la primera vez, porque "además de tener antecedentes por tráfico de drogas y armas, al marido se le conocen hasta 29 identidades distintas", denunciaron sus abogados. Hoy, dos años después de aquella demanda, en la que le acusaba asimismo de bigamia e intento de asesinato -"llegó al extremo de envenenar su comida con pesticidas ocultos en la comida tras suscribir un seguro de vida a su favor por un millón de dólares", ha denunciado su familia-, María José sólo puede pensar que la mala suerte se ha cebado con ella.
En todo este tiempo y a pesar de que a principios de 2005 tomó la precaución de regresar a Buñol con su hija, que ahora vive con sus abuelos, el caso ha tomado una dimensión internacional que, lejos de beneficiarla, no ha impedido que la justicia americana haya dado en principio la razón al padre: la denuncia que interpuso Peter Innes por el presunto "secuestro" de la niña, que tiene la doble nacionalidad, haprevalecido y María José está hoy en la cárcel de Bergen (Nueva Jersey) por desacato al juez, convaleciente de un cáncer de páncreas y rabiosa por haber sido tan ingenua de caer en "la trampa" de haber regresado a los EE UU para resolver unos negocios y defenderse. La policía la arrestó en un piso de Harlem en noviembre del pasado año.

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