el efecto invernadero se dispara

La Tierra tiene la fiebre alta y está gravemente enferma de CO2. Este diagnóstico, avalado por la comunidad científica, viene a confirmar la alarma de veteranos defensores del medio ambiente como el ex vicepresidente Al Gore, que acaba de lanzar un reto a la humanidad: “Todavía hay tiempo para frenar el efecto invernadero”

La naturaleza se ha vuelto loca
Los osos polares compiten con los gatos y revuelven en las basuras de los pueblos del norte de Canadá en busca de la comida que no encuentran en las regiones árticas; sorprendidos por las altas temperaturas y la ausencia casi total de nieve, los neoyorquinos han descubierto los baños de sol invernales en las playas de Coney Island; con el termómetro por encima de los 7º durante el día, los erizos de los bosques de la región de Moscú despiertan anticipadamente de su letargo: el 90% perecerá de hambre, o de frío si es que llega de una vez; los cereales de los campos de Polonia ya asoman y los campesinos claman al cielo para que las heladas no lo echen todo a perder; al pie de la Torre Eiffel (que apagó sus luces por vez primera en su historia durante el apagón mundial del pasado día 1) los brotes de los cerezos que suelen florecer a mediados de marzo ya han estallado a fuerza de unas temperaturas medias 8º superiores a las normales, en el invierno más suave desde 1922; condenadas a prolongar su actividad hasta bien entrado diciembre, las abejas y avispas italianas han dejado de hibernar y siguen merodeando por las casas; los pelícanos del zoo de Barcelona se han apareado sin esperar a la primavera y ya están encubando sus huevos; y así sucesivamente. ¿Qué explicación dan los meteorólogos a esta cadena de fenómenos que puede derivar en la extinción del 30% de las especies? ¿La naturaleza se ha vuelto loca o somos nosotros los enfermos, los únicos culpables de su comportamiento anormal?


El deshielo que no cesa
La zonas heladas de la Tierra se derriten de forma constante y los científicos advierten que el hielo podría desaparecer en el Ártico en los veranos próximos al 2100. Groenlandia, el congelador planetario, ya da muestras alarmantes de la retirada de los hielos con cambios radicales en la geografía de su litoral como la aparición de islas donde antes había penínsulas o la retirada considerable de los glaciares que desaguan en el océano. La subida del nivel del mar se ha cifrado oficialmente en París en una horquilla que oscila entre los 18 y los 59 centímetros para esta centuria, aunque hay estimaciones catastrofistas que hablan de la inundación completa de las tierras bajas del planeta, como Holanda y Bangladesh. Los cientos de millones de personas que habitan en los puertos de mar y deltas fluviales tendrán que abandonar sus hogares, como ya ha ocurrido en Tavalu, atolón del Pacífico, cuyos 10.200 habitantes ya forman parte de un programa de evacuación sin retorno.

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