Julián Muñoz confiesa cómo vivió su detención e interrogatorio

En el prólogo del libro 'Alhaurín. Viaje sin retorno' escrito por el funcionario de prisiones José María Santos

Las primera palabras que se han conocido de Julián Muñoz desde que fuera detenido el pasado diecinueve de julio se han hecho públicas con la puesta a la venta del libro Alhaurín. Viaje sin retorno, escrito por el funcionario de prisiones José María Santos Villar.

Muñoz conoció a este funcionario del Cuerpo de Instituciones Penitenciarias durante la primera etapa de su encarcelación, en la cárcel de Alhaurín de la Torre (Málaga) y cuando le propuso que escribiera el prólogo del libro con el que quería dar a conocer lo que sucede tras los muros de esta conocida prisión en la que permanecen los mayoría de los implicados en la Operación Malaya.

El ex alcalde de Marbella aceptó el ofrecimiento de Villar y sus sentimientos desde que fuera detenido en la casa que compartía con Isabel Pantoja en la Costa del Sol se reflejan en las tres primeras páginas del libro editado por Arcopress. Cuando Muñoz escribió estas líneas llevaba preso sesenta días. Poco después, era trasladado a la cárcel de Jaén, donde se encuentra ahora, después de que otro preso intentara comercializar unas fotos suyas hechas dentro de la cárcel.

Tranquilidad durante el interrogatorio judicial
Gracias a este prólogo hemos conocido cómo Julián vivió el momento en el que los agentes policiales le pararon al salir de su casa: "Mi detención e ingreso en prisión fue una especie de huracán, de tifón. Ni sabía cuándo ni cómo ni por qué me venía encima. El huracán arrasaba todo lo que encontraba a su paso" .

El siguiente paso fue el interrogatorio judicial y Julián asegura que lo afrontó "con tranquilidad, sin miedo, relajado y con la tranquilidad de sentirme inocente. Mas el Juez consideró que debía ingresar en prisión. Sentimientos de incredulidad e inconsciencia se apoderaron de mi y se adueñaron de mi futuro".

Muñoz no se siente querido por los medios de comunicación para quienes tiene estas palabras: "Sé que a esa basura mediática le gustaría que me fusilaran y, aún así, seguirían hablando. Sabed, de una vez por todas, que lo que más me hace sufrir es el no poder ver al ser que amo. En este punto estáis triunfando (vuestro fusil ha alcanzado mi corazón)". A las líneas dedicadas a Isabel, que sólo ha ido a visitarle dos veces desde que ha sido encarcelado, le sigue la despedida, escrita con un importante poso de resentimiento y amargura: "Aprovecho esta ocasión para decir a mis amigos, que gracias a Dios son pocos, que les echo mucho de menos y les quiero. A los que decían ser mis amigos, que ni siquiera los perdono porque no los echo del menos. Los ignoro".

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