El misterioso caso de la 'Mujer Salvaje'

Ro Cham desapareció en la selva camboyana siendo una niña. Dieciocho años más tarde, unos leñadores la descubrieron robando comida: parecía un animal, caminaba a cuatro patas y gruñía.

No parece recordar nada
En los 18 años que estuvo perdida en la selva debió de producirse en su memoria un corte temporal que ha desdibujado su pasado anterior. La niña alegre y avispada de ocho años, a la que le gustaba adornar su cuerpo con pieles de plátano es ahora una mujer de 26 años con cara de niña que tiene que empezar casi de cero. "Hay que recuperar el momento en el que se encontraba cuando desapareció y resituarla", explica el asturiano Héctor Rifá, profesor de la Universidad de Oviedo y miembro de Psicólogos Sin Fronteras desplazado a Camboya para estudiar el comportamiento y el lenguaje de tribus indígenas como los Phnong, etnia a la que pertenece Ro Cham. Los primeros resultados de la terapia ya están siendo visibles: vuelve a caminar erguida, se asea con ayuda de su madre, come con normalidad y ha dado las primeras muestras de que habla algún dialecto aún por identificar.
Cuando Héctor Rifá recibió la noticia, en su casa de Phnom Penh, de que habían encontrado a una "Mujer salvaje" cerca de la frontera con Vietnam no se lo pensó dos veces y acudió en su búsqueda. Su objetivo ahora es ganarse la confianza de sus padres, para protegerla e intentar comunicarse con ella. "Si es cierto que se perdió a los ocho años, tiene que recordar, por ejemplo, con lo que bebía de pequeña", explica refiriéndose a los cuencos de calabaza que utilizan los indígenas.


La educación de Ro Cham
Kek Galabru, presidente de Licadho, una organización no gubernamental de derechos humanos que también ha acudido a Oyadao, teme que esté "soportando un trauma" y sospecha que "puede haber sido víctima de abusos o de algún tipo de tortura"; Pero su ofrecimiento de hacerse cargo del traslado de la familia a la capital, para poder ingresar a Ro Cham en un psiquiátrico, no parece por el momento la mejor idea. "Ingresarla en un centro médico podría ser muy negativo para quienes vayan a tratarla más adelante. Después de tanto tiempo alejada de la comunidad, es preferible observar primero cómo se comporta en su entorno más familiar, en su poblado, que en la fría habitación de un hospital y de una ciudad en la que ni siquiera hablan el idioma de su tribu", concluye el psicólogo asturiano.
Una cosa es segura, si no la tratan con cariño y se siente segura es posible que se vuelva a escapar. "Ya lo ha intentado una vez y si sigue tan asustada con tantas miradas curiosas lo volverá a intentar", dicen los sabios del lugar.

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