Robos de melenas y otros sucesos insólitos

Mientras en Río de Janeiro asaltan a las jovencitas y les roban el cabello en plena calle y en Bogotá proliferan los ladrones de relojes de pulsera, en las playas del sur de Inglaterra algunos se están especializando en los restos de naufragios, motos de alta cilindrada incluidas

Otros casos clínicos
El robo del reloj de pulsera por el método del cigarrillo encendido ya es un clásico en las calles de Bogotá. Los conductores toman la precaución de llevar sus relojes en la muñeca derecha, para evitar que les peguen un tirón si abren la ventanilla; pero no es suficiente: en el momento preciso alguien va y apaga una colilla en la mano izquierda y, al reaccionar llevándose la mano derecha sobre la quemazón, se produce el tirón del reloj. Así de fácil. Casi tan ingenioso como el de los monos entrenados para rateros de las playas de Phuket, en Tailandia
Otro robo para tomar nota, sobre todo si estamos de vacaciones y los pies están para el arrastre, es el de la zapatilla desparejada. Un rotativo de Bombay lo describe gráficamente: "El turista cae derrotado en el banco de un parque o de la sala de espera de una estación de autobuses, y cuando descalza un pie para aliviar el dolor, un niño le arrebata la zapatilla a toda prisa. Minutos después, cansado de andar a la pata coja, abandona la zapatilla en una papelera y, de repente, el chaval vuelve a surgir de la nada y se hace con el par". El turista no pierde mucho, pero regresar al hotel descalzo no es muy agradable con la calle plagada de objetos sospechosos.


Contenedores en la playa
En occidente también la pintan calva. Vamos, que por estos pagos algunos no pierden la ocasión de demostrar que a los europeos aún nos queda mucho por estar civilizados. El saqueo de los contenedores del Napoli, el carguero que encalló el pasado lunes en las playas de Branscombe, al sudoeste de Inglaterra, está generando escenas de rapiña que tienen escandalizado a medio país.
Mientras la policía ha acordonado las carreteras para evitar la avalancha de curiosos y cleptómanos, éstos eluden los controles acortando por el monte y caminos rurales. Poco importa si el barco llevaba o no mercancías peligrosas, con tal de volver a casa con una motocicleta BMW, un saco húmedo de comida para perros, unos parabrisas de coche o un tonel vacío que "me viene muy bien para poner unas flores". Hasta allí acudieron gentes que por su vestimenta no dejaban entrever que les movía la necesidad y que se paseaban por arena con cajas y cajas de zapatos nuevos. Una cosa es segura, los avispados reunidos no conocen fronteras.

Más sobre: