El cambio de Ivanka Trump

Ivanka Trump heredó de su padre la habilidad negociadora, el magnate Donald Trump, y de su madre, Ivana, el ‘glamour’con el que conquistar a la buena sociedad neoyorquina. Ivanka, la niña de los ojos de Donald Trump, ocupa la vicepresidencia del departamento de adquisiciones de la Organización Trump. Estudió con muy buenas notas en la Escuela de Negocios Wharton, de la Universidad de Pennsylvania. Se licenció en el 2004 y un año después se unía al equipo directivo de su padre, un trabajo que compatibilizó con un posgrado en Dirección de construcción en la Universidad de Nueva York que obtuvo hace unos meses.

La princesa Trump, de veinticinco años, ha demostrado tener olfato para los negocios y es también una joven coqueta y muy consciente de la importancia de su apariencia física. Como sus progenitores, sabe bien lo que vale una imagen. No se pierde los desfiles de la Semana de la Moda de Nueva York, se pone en forma y nunca se le verá desaliñada, mal peinada o sin un impoluto traje.

Ivanka es una joven de gran belleza, de hecho debutó a los dieciséis años como modelo, y en los últimos meses se aprecia en ella un sensible cambio. Este verano, quiso hacerse un retoque estético que la hace más parecida a Melania Knauss, la esposa de su padre. El escote del que Ivanka ha hecho gala en Saint Tropez en agosto y este otoño en Nueva York no tiene nada que ver con el que lucía en junio.

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