Los pacíficos amish
El parte de víctimas: cinco niñas muertas hasta el momento y seis más heridas de gravedad, ha caído como una losa en este apacible rincón del viejo Condado de Lancaster, donde residen 20.000 miembros de la comunidad religiosa de los amish, descendientes directos de los anabaptistas que emigraron hace más de tres siglos a EE UU, y que se caracterizan por defender un estilo de vida que da la espalda a todo progreso tecnológico. Ataviados con sus pintorescas ropas de granjeros de otro tiempo y firmes en su rechazo absoluto a la violencia, no podían creer lo que les estaba sucediendo. Y es que la pesadilla que han sufrido ha convertido en un juego de niños la fábula de "Único testigo", la película policíaca que protagonizó Harrison Ford sobre la persecución de un adolescente amish, testigo accidental de un asesinato mafioso.
Al contrario que en la ficción, al parecer Charles Carl Roberts habría actuado en solitario y por razones oscuras. Primero dejó a sus dos hijos en la parada del bus escolar y se despidió de ellos con un breve "recordad que papá os quiere"; luego regresó a su domicilio, donde le aguardaba su mujer y la niña que tenían de un año y medio, y sin mediar palabra se dirigió a la escuela amish con la firme intención de cumplir punto por punto con su plan criminal. Tras asesinar a las niñas y antes de suicidarse, sobre las 11 h de la mañana, aún tuvo la frialdad suficiente para telefonear a su mujer para comunicarle que había llegado la policía y que esa noche no iría a cenar. En una nota dirigida a su familia, dejó dicho que había planeado el ataque movido por "un sentimiento de venganza por algo terrible que le ocurrió cuando tenía 12 años".

Asaltos en serie
Sea como fuere, su forma de actuar no difiere mucho de la de los últimos ataques que han sufrido los escolares norteamericanos en los últimos días en dos colegios de Wisconsin y Colorado. El viernes pasado, el director de una escuela falleció tras el ataque de un estudiante de 15 años que habría actuado movido por el odio a la institución; y dos días antes, un hombre armado tomó a seis niñas como rehenes en un colegio de Bailey, Colorado, y tras abusar de ellas terminó por asesinar a una antes de suicidarse.
El comentario de la opinión pública norteamericana es unánime: la "moda" de asaltar colegios se está extendiendo peligrosamente por el país y, lo que es peor, a partir de ahora todo aquel que se acerque a un colegio en horas de clase ha pasado a ser sospechoso para la policía, incluidos, por supuesto, los pacíficos amish.

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