Tras ocho años encerrada en un zulo, Natascha regresa a casa

El expediente policial de la niña de diez años desaparecida la mañana del 2 de marzo de 1998, en un barrio de Viena cuando iba al colegio, ya había pasado al archivo de los casos sin resolver cuando saltó la noticia de su aparición el miércoles de la semana pasada. En la Oficina Federal de Delitos pensaron que la llamada que le anunciaba la presencia de una jovencita en un jardín de Strashoff, 20 kilómetros al noroeste de la ciudad, que insistía en que se llamaba "Natascha Kampusch, nacida el 17 de febrero de 1988", era otra falsa alarma, una más de las innumerables que habían tenido que atender en los últimos años Pero cuando la niña, "temblorosa y pálida como un queso", afirmó que había escapado de su cautiverio y que éste "había huido hacia Viena en un BMW deportivo de color rojo", empezaron a pensar que el secuestro que había tenido conmocionado al país durante todo ese tiempo estaba a punto de resolverse. Por suerte, no se equivocaban.

Camino a la escuela
Los 120 detectives que se ocuparon del caso en los dos primeros años siguieron todas las pistas sin éxito y terminaron por defender la tesis de que lo más probable es que hubiese sido secuestrada por una banda de pederastas conectada con la red de Marc Detroux, el monstruoso criminal no hacía mucho había tenido en vilo a Bélgica y revivido el fantasma de la trata de blancas. La prensa habló de crimen sexual. La única pista fiable la había aportado una compañera de clase, Bettina H., que aseguró haberla visto subir a una furgoneta blanca. Tampoco sirvieron los interrogatorios de miles de sospechosos, las batidas de por las islas del Danubio, los rastreos en helicóptero, las visitas de cientos de agentes que mostraron de puerta en puerta su retrato en busca de algún indicio.

¿Fuga o rapto?, se preguntaban
Sus padres, Brigitta Sirmy y Ludwig Koch, un ama de casa y un panadero separados desde hacía un par de años, no daban crédito a la versión de la fuga de su hija: "Tuvimos una pequeña riña porque tenía clase a las siete y media, y se le habían pegado las sábanas. Pero me niego a creer que se haya fugado con alguien; hubiera cogido al menos los 500 chelines que le había regalado su tía, los ahorros de su cerdito y la gameboy; sé que la han secuestrado y sólo pido que no le hagan daño", decía Brigitte desesperada. La tía confirmó en parte la versión de la madre: "Es verdad que no llevaba bien la separación de sus padres y que pasaba demasiadas horas en cama; pero era una niña prudente que nunca se hubiera ido con un desconocido". Sin embargo, su maestra no parecía descartar la posibilidad de una crisis por acoso: "En el último año no había faltado ni un solo día a clase; Natascha era estudiosa, pero es verdad que le afectaban las burlas sobre su peso: había engordado diez kilos a raíz de la separación de sus padres", dijo a la policía. Su padre pegó sin resultado cientos de pasquines por Viena con un "Se busca niña de diez años, de 1,45 m de altura y 45 kg de peso, de pelo castaño y ojos azules, vestida de rojo y azul". Y a los diez meses daba una rueda de prensa en la que evidenciaba su paso de la desesperación a la desesperanza: "Sólo pedimos a sus captores que nos digan dónde han dejado su cuerpo para poder enterrarla" .

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