Anne Igartiburu y su marido, el bailarín Igor Yebra, han puesto fin a su matrimonio, según ha podido saber ¡HOLA! de fuentes fidedignas próximas a la popular pareja. La ruptura, de hecho, se produjo el pasado mes de enero, y poco después Igor abandonaba el domicilio conyugal con sus pertenencias. Anne y el bailarín habían hecho separación de bienes antes de convertirse en marido y mujer, y la famosa presentadora se ha quedado en el citado domicilio, del que es única propietaria. Hace unos días, y mientras Igor se encontraba, como es en él habitual, cumpliendo con sus compromisos profesionales fuera de España, Anne Igartiburu, considerada la mejor presentadora del momento —lleva muchos años triunfando en TVE-1 con el programa «Corazón de...(primavera, verano, otoño e invierno)», a lo que ha unido las dos últimas temporadas un éxito sin precedentes conduciendo «¡Mira quién baila!»—, acudía a una notaría de la capital de España para, al parecer, otorgar poderes a su abogado a fin de iniciar los trámites de divorcio.

La distancia hace el olvido
Un divorcio que, según hemos podido saber, se hará de mutuo acuerdo, dado que entre la popular presentadora y quien hasta el momento sigue siendo legalmente su marido existe —por encima del hecho de que hayan llegado a la nada agradable conclusión de que lo suyo no ha podido ser — un buen entendimiento personal y, sobre todo, mucho respeto. También por personas próximas a la pareja hemos podido saber que la razón principal o el desencadenante inicial por el que esta unión, cuando aún no se ha cumplido año y medio de la boda, ha desembocado en definitiva ruptura, hay que buscarla en la distancia física de la pareja, dado que Igor Yebra se pasa gran parte del año fuera de España, actuando por los escenarios de medio mundo, lo que hizo que hayan podido estar muy poco tiempo juntos una vez convertidos en marido y mujer. Una vez más se ha cumplido, por desgracia, una famosa canción, que afirma: «Dicen que la distancia es el olvido». En el caso de Anne e Igor, el distanciamiento geográfico, que en muchas ocasiones Anne intentaba paliar viajando a ver a su marido los fines de semana en los que no tenía que presentar «Corazón de...», les fue llevando a distanciarse sentimentalmente.

Al parecer, la crisis de la pareja surgió a finales del pasado noviembre, y personas allegadas a la popular presentadora nos han dicho que Anne lo pasó muy mal al sentirse incapaz de poder reconducir la situación. Una situación que, por cierto, era diametralmente opuesta al feliz momento profesional que estaba viviendo con el programa «¡Mira quién baila!», repitiéndose una vez más, por otra parte, la paradoja de tener que aparecer

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