Ronna Keitt, viuda del doctor Iglesias: 'Nunca supo que la esperábamos una niña'

—¿Tú crees que lo soy? Sí, tengo que serlo. No tengo más remedio... para ser como él era: optimista. He tenido un buen maestro. Me siento privilegiada por el hecho de haberle conocido y de haber podido compartir con él todos estos años.
—¿Crees que Jaime, que hoy cumple dos años, se enteró de alguna manera de que su padre se murió?
Bueno, no sabemos en realidad. Lo que sí está claro es que se ha dado cuenta de que, de repente, su mundo cambió: de pronto vio que a nuestro alrededor, a su alrededor, ya no está la gente de antes, ya no está, en concreto, su padre. Lo que yo quiero es que, en lo posible, se acuerde de él. Pero lo que intento evitar es que sufra su pérdida. Cuando sea mayor ya se lo contaré. De todos modos, hay fotos del doctor por toda la casa, y muchas veces Jaime va, coge una y le da un beso. En ocasiones también le pregunto: «¿Dónde está papá?», y él se acerca a una de esas fotos y la señala.
—Volviendo a tu marido. Al parecer era metódico, le gustaba cuidarse…
Se cuidaba mucho, por supuesto. Muchísimo. ¿No te digo que quería vivir...para siempre? Se cuidaba en la comida, porque llevaba una dieta muy sana. Hacía mucho ejercicio (hasta que, meses antes de su muerte, le dijeron que dejara de hacerlo). Le gustaba mucho nadar. Yo creo que cuando tuvo que dejar de hacer ejercicio empezó su decaimiento. Los últimos meses ya no era tan activo, ya no caminaba, por ejemplo, tanto. El solía hacer todos los días veinticinco o treinta largos en la piscina de esta casa. Y lo tuvo que dejar por el problema de sus cervicales.
—¿Eras consciente de que en España la gente le quería mucho?
Por supuesto que me daba cuenta. Incluso cuando le imitaban en televisión no se molestaba en absoluto. Le encantaba que lo hicieran. Como tampoco le parecía mal que le llamaran «papuchi ».Ya digo que le encantaba, porque lo interpretaba todo como una expresión del cariño que por él sentía la gente. Por otra parte, cuando íbamos por la calle muchas personas se acercaban a saludarnos, y a él le gustaba comunicarse y hablar con todos. Ahora,después de su muerte, he recibido montones de cartas, de telegramas de condolencia, y eso a mí me ha dado mucha fuerza. Yo me he vuelto a Jacksonville para dar a luz aquí a mi hija, pero me hubiera gustado estar en España para agradecer todas las muestras de cariño de tanta y tanta gente que me ha dado el pésame.

Más sobre

Regístrate para comentar