El ciclón Nadal: un día en la vida del jugador que revoluciona las pistas de tenis

El trasiego se repite una semana tras otra: aeropuerto, coche oficial, hotel, coche oficial, torneo, vestuarios, sesión de entrenamiento, partido, rueda de prensa, coche otra vez, hotel. Esta rutina se prolongaría hasta el domingo de su victoria a Federer en la final. Pero Rafa, que se aloja en el Monte Carlo Bay, tiene tiempo también de rodar un anuncio para una marca coreana de coches, presentar la enésima colección de camisetas con su cara y su ya famoso «Vamos» impresos sobre ella y responder más de 600 veces a la eterna pregunta: «¿Qué debe hacer Federer para ganarte?».

El equipo que tiene detrás
El programa es apretado y no hay tiempo para la diversión, aunque Rafa no pierde su sonrisa, y como cualquier otro joven de su edad, arranca tiempo para leer, hablar por el móvil o navegar por Internet. En esos momentos, la concentración y soledad de un deportista de elite es cuando se hacen evidentes. Tras revalidar su título en Montecarlo, muchos podrían pensar que el manacorí pasó la noche celebrándolo en algunos de los bellos locales o casinos de la Riviera francesa. De eso nada de nada. La misma noche de su victoria, Rafael regresa en coche a Barcelona, y aunque se ha sacado el carnet de conducir este año, es su padre, Sebastián, quien lleva el vehículo. A su lado, su madre, Ana María, con quien le vimos hace poco en los Premios Laureus, considerados los «Oscar del deporte» (ganó el galardón como deportista revelación del año), y junto a él viaja su hermana pequeña, María Isabel, de quince años. Llegan a la capital catalana a las cinco de la madrugada del lunes, y aunque Rafa no tiene que jugar su primer partido del Trofeo Conde de Godó hasta el miércoles, cinco horas después está en una reunión con sus patrocinadores.

Un cuarteto de confianza rodea a Rafael Nadal. Es un buen equipo para un «star» en la elite. Toni Nadal, su entrenador y, a la sazón, su tío. No muy lejos está el recién llegado Juanan Martorell, su preparador y recuperador físico desde el pasado noviembre y una presencia necesaria debido a las lesiones en el pie que el jugador sufrió a finales del año 2005. Junto a él, el tenista se siente en familia, porque trabajó para Carlos Moyá, espejo en el que se mira Rafa, y en el equipo de fútbol del Mallorca, donde terminó su carrera Miguel Angel Nadal, el otro tío del tenista. El tercer nombre es el de Carlos Costa, su representante en IMG, que llegó a ser número 10 del tenis mundial. Y finalmente, Benito Pérez-Barbadillo, responsable de comunicación de la ATP, encargado particularmente del fenómeno Nadal (su colega Nicola Arzani se encarga de Federer). Si hay una pregunta indiscreta, él desvía la cuestión; si hay una sesión de fotos, controla el tiempo para que nada se prolongue más de lo debido. «Lo más importante es que uno sea feliz, que la familia esté bien y, después, todo lo demás. Tengo la gran suerte de que sigue a mi lado la misma gente que estaba conmigo cuando no era jugador de tenis ni nada», decía recientemente, una máxima de vida que pone en la práctica mientras, siempre sonriente, atiende a sus fans.

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