Toda la familia abatida por el preocupante estado de salud de Rocío Jurado

Rocío Carrasco está abatida, destrozada, y agotada, tal y como se le veía esta mañana al salir, sólo por una hora, de casa de su madre, Rocío Jurado. Rocío hija, junto a José Ortega Cano, el marido de la cantante, es quién más tiempo pasa junto a ella, de hecho desde este domingo no había salido del chalé de La Moraleja y esta mañana lo ha hecho. Salía pasadas las nueve y media de la mañana y una hora más tarde estaba de vuelta. El tiempo justo para despejarse, coger nueva ropa y volver al lado de su madre. Sus hijos, mientras tanto, están con su padre, Antonio David Flores.

No ha habido palabras. Ni siquiera ha bajado la ventanilla del coche para atender a la prensa que se interesa por saber como ha pasado la noche La más grande. Rocío Carrasco no tiene fuerzas para enfrentarse a esas preguntas y sólo piensa en volver junto a su madre. Rocío ha salido en un coche conducido por su novio, Fidel Albiac, y se ha ido por un rato a su casa, donde siguen sus dos pequeños hijos, Rocío y David.

Tampoco sus hermanos pequeños, José Fernando y Gloria Camila, están en la casa de Rocío Jurado, les han llevado a casa de un hermano de Ortega Cano para evitarles el sufrimiento de estos últimos días. Los cuatro niños (los de Rocío hija pasaban mucho tiempo en Montealto) permanecen, dentro de lo posible, alejados de la crítica situación familiar.

De Rocío Carrasco nos decía ayer su tío, Amador Mohedano, que estaba preocupada y agotada y desmintió, por otra parte, que la UVI que llegó el sábado por la noche a casa de Rocío fuera para atender a la hija. Según Amador, "cuando mi hermana cayó en coma quisimos ver si había una posibilidad de que se le reanimara. No se pudo". Rocío Jurado, comentaba anoche el médico Alejandro de Domingo,"está estable dentro de la gravedad. Es imposible saber cuanto a va a durar esta situación".

Llegan más familiares a 'Montealto'
La familia, formando piña, está en todo momento junto a Rocío. Los hermanos de Rocío y los de José, sus cuñados y sobrinos. Rosario, Challo Mohedano, salía del chalé a mediamañana tras estar toda la noche con la familia. Tampoco ella ha querido hacer ninguna declaración ni siquiera ha dejado ver sus ojos que ocultaba tras unas gafas de sol. Esta mañana, además, llegaban otros familiares desde Chipiona, Cádiz, que se unían así a los que llegaron ayer desde tierras gaditanas.

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