El susto de Blanca Martínez de Irujo al caer Francisco Rivera delante del toro

Una vez más, Blanca acompañó a Francisco, que toreaba en la feria de Jerez, para ejercer de espectadora de excepción. Aunque no es habitual ver a las mujeres de los toreros en las plazas, Blanca no se ajusta a los cánones en este sentido. De hecho, asegura que acompañará a Francisco siempre que pueda. Igual no opina lo mismo después del gran susto que se llevó en Jerez, cuando Fran cayó al suelo al banderillear a un toro. La novia del torero no pudo contener un aspaviento de pánico al ver cómo le pasaba el toro por encima, y durante unos minutos se le descompuso el gesto. Tardó en reponerse, pero seguro que no olvida el mal rato vivido. Afortunadamente, todo quedó en el susto y Rivera Ordóñez salió airoso, con palmas y una oreja con fuerte petición de la segunda. No obstante, y aunque siguió toreando, salió lesionado con una fuerte inflamación en una mano, lo que le llevó a suspender su siguiente compromiso taurino.

Blanca, con los trámites del divorcio
Entre Blanca y el torero tampoco existen planes de boda por el momento, entre otras cosas porque ella aún no tiene el divorcio, que auguran bastante complicado. Mientras Eugenia y Francisco resuelven su matrimonio en La Rota, la sobrina de la duquesa de Alba sigue adelante con los trámites de su separación del italiano Emanuele Bonomi. En estos días acudió al Juzgado de Primera Instancia con el fin de ratificar la demanda que ambos presentaron de mutuo acuerdo hace ya unos meses.

Blanca y Emanuele contrajeron matrimonio el 1 de junio de 1996, así que, de haber continuado juntos, celebrarían ahora su décimo aniversario de boda. De la unión nació su única hija, Blanca, que actualmente tiene siete años, la misma edad que Cayetana, la hija de Francisco y Eugenia. Con todo, parece ser ésta la prueba definitiva que necesitaban los que aún se resistían a creer que era éste el final. Se pone fin a los titulares de su baile de la cucaracha, de pasitos para adelante y pasitos para atrás; se acabaron las expectativas de posibles acercamientos, las alarmas de la rumorología y la maquinaria de la especulación. Es el último capítulo del cuento del lobo, en versión Francisco y Eugenia.

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