Confesiones de Carmen Cervera: 'Estoy pensando en adoptar un bebé'

-Pasará a la Historia como la mujer que impulsó la más importante transferencia de pintura a España. ¿Cómo recuerda aquellos años?
Han sido catorce años muy complicados, con una guerra familiar de por medio, pero con mucha ilusión. Mi marido, Hans Heinrich, deseaba que la colección permaneciera unida en un espacio prestigioso y en una ciudad europea. Aposté por Madrid. Hoy me hace muy feliz saber que el Thyssen-Bornemisza es uno de los museos más visitados del mundo.
—Debe de ser un orgullo ver su colección privada colgada al lado de la de su marido. Pero, dado que es un préstamo por once años, ¿qué sucederá después?
Aún no lo sé; estoy en conversaciones con la ministra de Cultura, Carmen Calvo, para ver qué ocurre con la colección.
—¿Cuál ha sido su última adquisición? Un Urculo. Es una obra especial, diferente a todo lo que él hizo; es una silueta de mujer de pie. Eduardo Urculo es un buen pintor.
—De la mano de su marido, entró a formar parte de un mundo exclusivo, de dinero y poder. ¿Se ha sentido una mujer envidiada?
Entré en un mundo maravilloso, impresionante, pero no he sentido la envidia. El destino y el amor han marcado mi vida; he procurado asimilar muy bien todo y aprender lo máximo de los que me rodean.
—¿Fue el barón Thyssen el hombre con el que más complicidad compartió?
Sí, Heini y yo nos decíamos todo con la mirada; nos sobraban las palabras, nos adorábamos, fue el gran amor de mi vida. Con Lex Baxter, mi primer marido, también viví una época maravillosa, apasionada, joven, divertida, sin apenas responsabilidades.
—¿Y qué recuerdos guarda de Espartaco Santoni?
Su hija Paola, que es una mujer encantadora y dulce, dos días después de morir Espartaco, me trajo, por expreso deseo de él, un precioso ramo de flores con una tarjeta que él me había escrito. Santoni, que era una persona única, solía escribir cosas muy románticas, pero, conociéndole como le conocí, estoy convencida de que a todas sus mujeres les envió un ramo de rosas y una tarjeta. Mi matrimonio con Espartaco no fue válido, porque él era bígamo.
—¿Qué la enamoró del barón Thyssen?
Aparte de ser un caballero, me enamoró su integridad y honestidad. Era guapo, elegante, muy apuesto. Le veía caminar de espaldas y me moría, tenía unos hombros extraordinarios. He sido muy feliz con él, y él conmigo también, todos los días me decía que estábamos en la misma onda.

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