Erika, la más pequeña de las tres hermanas Ortiz Rocasolano, licenciada en Bellas Artes y madre de una niña, Carla, podría haberse separado de Antonio Vigo. Ninguno de los dos ha querido confirmar o desmentir los rumores que apuntan a una posible ruptura, pero el hecho de que no compartan el mismo techo y de que hagan vidas independientes hace pensar que su convivencia ha terminado o, en el mejor de lo casos, que su historia de amor atraviesa una crisis. De ser así y confirmarse oficialmente la noticia, la relación que comenzó sobre el año 1999, poco después de que los padres de Erika, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano, decidieran poner fin a su matrimonio, habría durado algo más de seis años. Un romance que iniciarían en la Facultad de Bellas Artes, meses después de que la hermana menor de la princesa de Asturias rompiera su noviazgo con un cámara de Antena 3 tras pasar por una difícil y dolorosa situación personal.

Tiempos difíciles
Erika vivía, entonces, con su madre en Moratalaz, y estaba a la espera de que le fuera concedida la beca Erasmus para Alemania. Un viaje de estudios que llevaría a cabo manteniendo su romance a distancia. De hecho, fue poco después de regresar a España, en el año 1999, cuando se quedó embarazada. El nacimiento de la pequeña Carla que llega al mundo con dos meses de antelación -nació por cesárea en un hospital de Madrid en el verano del año 2000- obliga a la familia Ortiz Rocasolano a cambiar sus planes de verano, y a que Paloma, de vacaciones en Tenerife con su hija Telma, regresara a Madrid de inmediato para estar junto a la más pequeña. Erika que pasa entonces por la dolorosa experiencia de tener que separarse de su hija recién nacida durante las dos o tres semanas que ésta pasa en una incubadora para ganar peso, recibe en todo momento el cariño y el apoyo de los suyos.

Son tiempos difíciles para esta pareja que no termina de encontrar trabajo. Por ello, y aún no habiendo cumplido Carla su primer año de vida, Erika y Antonio, toman la determinación de trasladarse a Oviedo a la búsqueda de una mejor oportunidad. Cristina Ortiz, madrina de la Princesa de Asturias - fallecería poco tiempo después de una terrible enfermedad- les brinda su casa y es entonces cuando deciden dar el paso definitivo. La pareja, que tienen intención de instalarse definitivamente en el Principado de Asturias, pide una subvención al Gobierno autónomo -nunca llegarían a cobrarla-; y se compran una casa para rehabilitar en un pueblecito de ambiente rural a orillas del río Sella. La adquisición resulta ser un mal negocio y la casa, literalmente hablando, se les viene abajo.

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