Fernando Alonso y Raquel del Rosario, romántica escapada a Miami

Allí y en Santo Domingo han vivido el verano que todavía es primavera en España. En bermudas y con camiseta, él, y en tirantes y con una original falda asimétrica de rayas rosas y grises, ella, han paseado su amor por las calles de esta ciudad que tan bien conocen. Y lo han hecho como más les gusta: pasando prácticamente inadvertidos. Sin que prácticamente nadie les reconozca. La pareja trata de buscar la tranquilidad que en España no siempre encuentra. De hecho, Fernando —que no se muerde la lengua, sin importarle las antipatías que pueda despertar por ello — habla más que claro, cristalino, cuando dice que busca en el extranjero «la tranquilidad que desgraciadamente no puedo encontrar en España». Su gran enfado —y sorpresa — llegó cuando se publicó la noticia de su boda con Raquel el próximo mes de octubre. Ninguno de los dos ha confirmado ni desmentido la noticia, a pesar de que la prensa local de Asturias ha negado la mayor, citando fuentes cercanas a la familia de Alonso y de toda solvencia.

Cierto es que, tal y como se aprecia en las imágenes, lucen sendas alianzas casi idénticas en el anular de su mano derecha. Pero no menos cierto es que las lucen antes de la supuesta petición de mano que celebraron en Oviedo. Vamos, que podría ser un símbolo de su amor y no de su compromiso. Celoso de su vida privada, Fernando nunca ha querido hablar. Tan sólo una vez se mostró especialmente locuaz. Y fue en una ocasión muy señalada: el día que, supuestamente, conoció a la que hoy es su novia. Entonces aseguró que era un chico romántico, pero no posesivo; que no tenía novia y que sabía lo que era la soledad; que lo primero que miraba de una mujer era su físico y que le pesaba que la fama le impidiera besar a una chica en público. Toda una declaración de intenciones. No se podía haber vendido mejor. Y, visto lo visto, funcionó.

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