El hijo que espera Ronna, la viuda del doctor Iglesias Puga, es una niña

Ronna, la viuda del doctor Iglesias, ya sabe que el hijo que está esperando para finales del próximo mes de julio es una niña. Una noticia que, sin lugar a dudas, hubiera hecho muy feliz a su padre, el cual, como nuestros lectores recordarán, falleció a las siete y media de la mañana del pasado 19 de diciembre en el hospital clínico San Carlos, de Madrid, tras sufrir un paro cardíaco. (La tarde anterior había acudido al Santiago Bernabéu para ver un partido del Real Madrid, equipo de sus amores de su hijo Julio, en cuya primera plantilla éste llegó a jugar, tal y como nuestros lectores ya sabrán.) Mientras llega el momento del parto, Ronna, de cuarenta y dos años, continúa con su tranquila vida en su casa de Jacksonville (Florida), en compañía de su hijo, Jaime, que en mayo cumplirá dos años.

'A mi edad un hijo es un regalo'
La muerte del padre de Julio Iglesias se produjo pocos días después de que le doctor y Ronna anunciaran su nueva paternidad. El doctor, que tenía noventa años, y su esposa contrajeron matrimonio el 1 de marzo de 2001, en una ceremonia civil, celebrada en la más absoluta intimidad en Duval (Florida). Tres años más tarde, el 18 de mayo de 2004, nació James (Jaime) Nathaniel Iglesias, su primer hijo: «A mi edad, un hijo es maravilloso. Se disfruta mucho», nos decía el doctor el pasado mes de mayo, cuando Jaime cumplió su primer año. «A mi edad, tener un hijo es todo un regalo, todo en privilegio», añadía. Meses antes, cuando anunciaban que esperaban su primer hijo, el doctor explicaba: «Este niño es un acto de generosidad hacia Ronna, que lo quería tener. Le dejo descendencia para que se acuerde siempre de mí. Le dejo parte de mi sangre, de mi vida». Luego añadía: «Tener un hijo a mi edad no se puede describir. Es un acto de alegría verlo cada día. Sólo le pido a la vida que me dé más tiempo para estar al lado de mi niño. Lo demás no me interesa». Con la misma ilusión esperaba el matrimonio la llegada de su segundo hijo, que, desgraciadamente, no llegará a conocer a su padre cuando nazca.

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