—Lo que sí es verdad es que no paras, Cayetana: siempre para arriba, para abajo.
Bueno, es que parece que no hay otra en el mundo. Es horrible, me llaman para todo.
—Y tú vas a todo, duquesa.
"A todo no podría..."

Le gustan, además del cine en el cine, el teatro, la ópera, y no quiere hablarme de la fiesta de su cumpleaños en Liria, a la que acudieron los Reyes, que yo sé que don Juan Carlos, de príncipe joven, se bañaba en la piscina de casa.

—Cayetana, ¿y te gusta aconsejar a las mujeres de tus hijos en la ropa, en la moda, en lo que tienen que ponerse?
¡Ah, no! Ni mucho menos. Que cada una haga lo que quiera hacer. En casa somos todos muy independientes. Los ochenta ya han pasado. Y cuando lleguen los ochenta y uno, Cayetana dice que intentará pasar inadvertida, que lo de los ochenta es que era un número emblemático, redondo...
—Cayetana, volviendo a la moda, porque, además, tú estás, quieras o no quieras, siempre de moda. Se puede decir eso de dime cómo vistes y te diré quién eres. Supongo que sí, claro que sí.
—Lo que sí veo que tienes es una capacidad de aguante prodigiosa. Ya sabes que soy muy enérgica.
—Frágil por fuera, fuerte por dentro.
Por supuesto que sí.
—Como se te ve mucho, pareces tranquila, pero en los ojos tienes un brillo de faca..., en los ojos no disimulas.
¡Ah, no! y a veces digo lo que pienso, no creas, y no sólo con los ojos.
—¿Y discutes con Benítez?
¡Ah, no! Desde luego que no, para nada: nos llevamos muy bien. Me conoce extraordinariamente, sabe lo que me gusta y lo que me va.

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