Rocío Carrasco y Fidel Albiac ya se pueden casar. Por la Iglesia y por lo civil. Hasta hace tan sólo unos días, Rocío tenía la nulidad eclesiástica de su matrimonio con Antonio David Flores. Sin embargo, no tenía el divorcio. En otras palabras, para la Iglesia era soltera, pero para la ley civil seguía casada. Eso implicaba, en teoría, que si intentara casarse por la Iglesia, esa unión, según el Código Civil vigente, no tendría validez alguna y hasta podría ser considerada bígama en ese ámbito civil. ¿Qué necesitaba entonces? Simplemente que esa nulidad eclesiástica fuera homologada por un Juzgado. Y eso mismo es lo que acaba de hacer el Juzgado de Primera Instancia No 5 de Alcobendas (Madrid). Rocío Carrasco y Fidel Albiac han recibido la noticia en Houston estos días.

En el auto número 55/06, y bajo el encabezamiento «eficacia civil de resolución canónica sobre nulidad matrimonial», el magistrado juez del citado Juzgado, don Javier Martín-Borregón García de la Chica, dictaba el pasado 13 de marzo una resolución favorable a Rocío Carrasco, que el 17 de noviembre de 2005 había presentado «demanda de eficacia civil de sentencia canónica de nulidad de matrimonio dictada por el Tribunal Interdiocesano de Primera Instancia de Sevilla, ratificada por sentencia definitiva por el Tribunal Interdiocesano de Segunda Instancia de Sevilla en fecha diecisiete de noviembre de dos mil cuatro». Así se lee en el primero de los «antecedentes de hecho» del citado auto, lo que deja claro que Rocío Carrasco y Antonio David ya tenían la nulidad eclesiástica desde finales del pasado año, que fue precisamente cuando ella declaraba: «Estoy muy feliz por la noticia de la nulidad eclesiástica, aunque ahora lo más importante es la salud de mi madre».

En el segundo de los dos antecedentes de hecho del auto en cuestión se dice que, admitida a trámite la demanda de «eficacia civil de sentencia canónica de nulidad», se dio traslado de la misma al otro cónyuge (Antonio David) y al ministerio fiscal, «quienes dejaron transcurrir el plazo sin hacer oposición» a que tal sentencia fuera civilmente homologada. ¿Por qué una sentencia de la Iglesia puede ser, digamos, convalidada civilmente? Sencillamente por el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede, de 3 de enero de 1979,y que se refleja en el Código Civil, que establece que «determinadas decisiones de la Iglesia católica puedan alcanzar efectos de cosa juzgado material dotándolas de eficacia civil siempre que se declaren ajustadas al Derecho del Estado por el juez civil competente».

Precisamente en el artículo VI.2 del citado Acuerdo (Estado-Iglesia) se establece: «Los contrayentes, a tenor de las disposiciones del Derecho Canónico, podrán acudir a los Tribunales eclesiásticos solicitando declaración de nulidad... A solicitud de cualquiera de las partes, dichas resoluciones eclesiásticas tendrán eficacia en el orden civil » (siempre que estén ajustada a Derecho, se entiende).

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