La imágenes del emotivo encuentro de Raquel Mosquera con su hija

La batalla por la niña
Como dicta la ley de Murphy, cuando las cosas van mal, siempre son susceptibles de empeorar. Difícil parecía en el caso de la Mosquera, pero el drama familiar no había hecho más que empezar. Con el alta debajo del brazo y con un informe médico sobre su recuperación y su capacidad para cuidar de su hija, no podía aceptar que sus padres le dieran la espalda en estos momentos tan delicados. Entonces, Raquel opta por presentar batalla.

Cuarenta y ocho horas después de salir del hospital y aún sin la niña, decide acudir a los Juzgados y poner todo ese asunto en manos de su abogado. Así que el sábado por la mañana se presenta en los Juzgados para denunciar a sus padres. Y eso es fuerte. Con todo el dolor de su corazón, Raquel cree que sus padres se están equivocando y, después de intentar convencerlos para que cejaran en su empeño y entregaran a la niña, opta por la última vía que contemplaba: la judicial. La paz y la tranquilidad que esperaba encontrar a la salida del hospital se tornan en guerra abierta contra su propia familia. Si pensaba que con su salida de la clínica, lo peor ya había pasado, se equivocaba: estaba aún por llegar.

Sin resistencia
En los Juzgados de la plaza de Castilla se resolvió que la niña debía estar con su madre y, a tal efecto, se decidió que el matrimonio acudiera a la casa de los padres de la peluquera acompañados por unos agentes y una asistente social. Mientras que por un lado llegaron Raquel y Tony, por el otro lo hicieron los policías con su uniforme reglamentario. Fueron ellos los encargados de llamar al telefonillo para pedir que se abriera la puerta. Pero Raquel no quiso subir a casa de sus padres. Después de este episodio se negaba a ver a sus padres, con los que, por ahora, ha decidido cortar toda relación. Acompañada por los agentes, subió finalmente la asistente social, mientras que Raquel esperaba en el portal. Los abuelos de la pequeña, que ya estaban puestos sobre aviso cuando llegó la «comitiva», no opusieron resistencia a la hora de entregarla. La asistente se la llevó.

Raquel esperaba en la puerta mientras todo esto sucedía. Los minutos se hacían horas y estaba inquieta por saber qué estaba sucediendo. Finalmente, vio descender por las escaleras a la asistente con la niña en un capazo. A Raquel se le iluminó la cara. El momento en que volvió a coger a la niña en sus brazos fue de lo más emocionante para ella. Se dirigió hacia el coche, donde no tardó ni un minuto en sacarla de su capazo y cogerla entre sus brazos. La miraba embelesada y la besaba tiernamente, como si no terminara de creerse que la volvía a tener con ella. En otros instantes simplemente cerraba los ojos y la apretaba contra su pecho. Pura emoción. Mientras esto ocurría, Tony sacaba de casa de sus suegros todas las cosas del bebé. El nigeriano fue desfilando por la entrada del edificio con la cuna, la bañera, la ropita de la niña...

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