La imágenes del emotivo encuentro de Raquel Mosquera con su hija

Treinta y cinco días hospitalizada. Después de todo ese tiempo internada, lo que más deseaba Raquel Mosquera —posteriormente a que el pasado jueves recibiera el alta médica en la clínica López Ibor— era reunirse con su hija, a la que había visto en contados minutos durante los días de su tratamiento. Raquel dejó por su propio pie y con la mayor de las sonrisas el centro médico especializado en enfermedades psíquicas donde había permanecido las cinco últimas semanas. Y lo hizo acompañada por Tony Anikpe, dando por zanjados los rumores de separación que habían sonado con fuerza durante todo este tiempo.

Con Tony a su lado y regresando a su casa, Raquel esperaba con la mayor de las ilusiones el momento de volver a ver a su hija. Después de superar la gran pesadilla de su brote psicótico, volver a responsabilizarse de su pequeña de tres meses —ahora que los médicos la consideraban totalmente capacitada para ello— era el mejor regalo y, desde luego, la mejor medicina. Pero cuál sería su sorpresa cuando se encontró que en su casa la pequeña no estaba.

Drama familiar
Las cosas en la vida de la Mosquera, por una cosa o por otra, siempre acaban cobrando tintes de tragedia. En este caso, de auténtico drama. Su familia —a la que siempre ha adorado, pero con la que las cosas se habían tensado desde su matrimonio con el nigeriano Tony Anikpe— decidió tomar sus propias decisiones, al margen de las de la peluquera. De esta forma, sus padres decidieron que con quien mejor estaría la niña sería con ellos. Más aun, después de que Tony hablara de su intención de llevarse a Raquel y a la niña a Nigeria para alejarlas de la tormenta mediática que había generado su enfermedad.

Raquel llegó a su casa el jueves, después de abandonar el hospital, y al no encontrar a la pequeña llamó a sus padres, esperando que le trajeran cuanto antes a la niña. Las horas pasaban y el momento no llegaba. Sus padres daban largas. El viernes, más de lo mismo, pero ya los noes se sucedían: se negaban a entregar a la niña convencidos de que era lo mejor para la pequeña y argumentando que Raquel aún no estaba recuperada del todo. Más madera para la peluquera.

Como si no tuviera suficiente con todos los problemas que se le habían planteado, ahora no sólo no contaba con el apoyo de sus padres, sino que tenía que enfrentarse a ellos. Los padres de la peluquera y su hermana pequeña, Silvia, se habían ocupado de Raquelita durante su largo internamiento en la clínica, ya que Tony delegó en ellos por sus múltiples idas y venidas, algo que, por otra parte, fue muy criticado por la familia Mosquera, que consideraban absolutamente inapropiado que Tony hiciera sus «viajes de negocios » en vez de cuidar de Raquel. La situación era difícil para la familia: con el nigeriano que no se hacía cargo de la pequeña en los momentos más difíciles de la enfermedad, ante el temor a una posible recaída de Raquel, y con el miedo en el cuerpo por la posibilidad de que Tony cumpliera con lo anunciado y se llevara a la niña y a su madre, no querían dar su brazo a torcer e intentaban convencer de que era lo mejor. Ellos ponían en duda las afirmaciones de su yerno cuando decía que en Nigeria las dos «estarían mucho mejor», y decidieron que su nieta estaba por encima de su hija.

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