Así se vivió el ingreso hospitalario de Raquel Mosquera

Desde hace cinco años, Raquel Mosquera tiene una cruz en el calendario, una fecha que le gustaría que desapareciera de por vida. Raquel ha puesto una cruz en el maldito veintisiete de enero que aunque no la marque en el almanaque la tiene marcada en el corazón. Fue ese día, hace cinco años, cuando encontró muerto en su casa a su marido, Pedro Carrasco, con quien llevaba casada cinco años. Raquel llegó de la peluquería preocupada porque no respondía sus llamadas y lo vio en su cama, como dormido. La fatalidad quiso que no estuviera descansando. Había sufrido un ataque al corazón y al darse cuenta de lo que de verdad ocurría tuvieron que llamar a los servicios de urgencia para atender a la inconsolable viuda.

Este año, Raquel llegaba al veintisiete de enero con ánimos renovados. Casada desde el pasado febrero con el nigeriano Tony Anikpe y feliz madre (su sueño por fin cumplido) de una niña de dos meses, Raquelita. Todo aparentaba estar mejor , sin embargo, sólo lo parecía porque para Raquel, y para su familia, ha vuelto a ser otro veintisiete de enero para olvidar.

La noche del viernes en casa de Raquel
La noche del pasado viernes, Raquel estaba con su marido y su hija en su casa de Galapagar. Hacía unos días que él había vuelto de viaje y aprovechaban al máximo el tiempo para recuperar la vida familiar. A primera hora de la tarde, a Raquel se le había visto salir del chalet y juguetear con su perro muy abrigada con un abrigo de piel no en vano la ola de frío siberiana se hacía notar y los termómetros marcaban bajo cero.

Al parecer, fue avanzada la tarde cuando Raquel empezó a comportarse de modo extraño. Tony no entendía lo que sucedía, no podía calmarla y ella no atendía a razones así que se decidió a llamar a la familia Mosquera. Jesús, el padre de Raquel, y su hermano, llamado también Jesús, no tardaron mucho en llegar a Torrelodones. Estaban preocupados y no era para menos.Raquel no sólo no había mejorado desde la llamada de Tony sino que había empeorado. Parecía una grave crisis de ansiedad así que el hermano llamó al Servicio de Urgencias Médicas Madrileñas (SUMMA-112) solicitando ayuda médica.

A las diez de la noche, el médico de Galapagar llegaba al domicilio de Raquel. Tony y Jesús estaban visiblemente alarmados. Raquel tampoco atendía las indicaciones de la doctora por lo que, tal y como el método de actuación de Emergencias especifica en estos casos, se avisó a los agentes policiales para que acudieran a la casa familiar de Raquel. La inquietud entre el marido, el padre y el hermano de Raquel iba en aumento al comprobar que nada conseguía hacerle entrar en razón. La niña, Raquelita, estaba ya al cuidado de su abuela, Ángeles, en otra habitación de la casa y ajena al drama que se vivía.

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