La sevillana Aguas Ocaña y su esposo, el presidente de Honduras, se separan

—Cuando uno da tanto y tan a conciencia, supongo que echará de menos todo esto.
Por supuesto, pero ahora necesito tiempo para mí, para protegerme y también para proteger a mis hijos.
—¿Qué cree que es lo mejor que se ha dicho de usted en todo este tiempo?
Que he estado del lado de los pobres.
—¿Y lo peor?
Que todo es marketing. Yo sé que lo que he estado haciendo hasta ahora lo he hecho con el corazón.
—¿Piensa que un sector de la población, que no daba un duro por usted, ahora, al final, se ha puesto de su lado?
Sí. Muchos me lo han dicho. El otro día me encontré en la calle con una señora que me dijo: «Permítame que le diga una cosa, yo a usted no la quería cuando se casó con su esposo, y ahora le tengo que dar gracias por todo lo que ha hecho en nuestro país, y seguro que hay muchas mujeres, como yo, que piensan lo mismo».
—¿Cómo ve su futuro fuera de Honduras?
Igual, porque seguiré ayudando en el tema de la niñez a través de mi fundación. Yo tengo en España a doscientos siete niños estudiando con una beca en Salamanca y doce en Sevilla.
—¿Y su esposo?
Seguirá como antes. El era empresario y creo que sería importante que no desaprovechara su experiencia como estadista. Por su parte, él también tiene una fundación que lleva el nombre de su hijo secuestrado y asesinado, y que se encarga de temas de educación.
—¿Tiene intención de venir a vivir a España?
De momento, no, a no ser que, estando en España consiguiera más recursos para poder ayudar a mis niños, para poder mitigar estos grandes problemas como son los abusos sexuales reiterados y a veces hasta consentidos en los hogares de tantos niños, acabar con la desnutrición, el abandono, la irresponsabilidad paterna y la violencia doméstica y frenar el avance del sida.
—Hablando de facetas cubiertas. ¿Le queda alguna que eche de menos?
Quizá más personas con mi visión, con mi compromiso, mi amor a los niños. En el plano personal, echo de menos a mi familia, a mis padres, mi hermana, que no han podido venir mucho. Gracias a Dios, mi tía me venía a ver muy a menudo.
—¿No se cansa nunca?
No, y menos ahora que tengo tanto por hacer. Me voy a Nicaragua para intentar hacer lo mismo que en Honduras, mitigar ese dolor infantil. Hay una labor muy grande; por eso quiero que digas que necesitamos colaboración. Que nos ayuden a través de la fundación O Belen. Ahora mismo está llegando desde Madrid un «container » a Nicaragua con camas, medicamentos, zapatos y ropa. En España siempre hemos sido muy generosos, y estos niños necesitan tanto...

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