La sevillana Aguas Ocaña y su esposo, el presidente de Honduras, se separan

—Cuando se acaba una etapa, uno hace balance.¿Cuál es el suyo como primera dama?
Creo que en estos tres años se ha despertado más la sensibilidad en los temas infantiles, hay un acercamiento con España muy importante y un paso adelante muy significativo es que vamos a dejar creadas cinco casas de mujeres maltratadas, remodelando veinticuatro centros de INFHAS, veinticuatro vehículos de ayuda, tanto para el Instituto de la Mujer como para el Instituto de la Familia, y hemos puesto la primera piedra de un proyecto de desarrollo integral en la isla del Tigre que va a superar los cuatro millones de euros. Un centro que va a ser un ejemplo para toda Centroamérica, financiado por la Universidad Autónoma andaluza, y ayuda del Ayuntamiento de Madrid para remodelación de centros de niños; también ayuda de la Comunidad de Madrid, y tocaremos temas de ayuda y prevención al sida y también acuerdos con Taiwán y Japón. Hemos atendido a cincuenta mil personas con problemas de salud. Tenemos un programa de rehabilitación y hemos conseguido un paquete importante de hormonas de crecimiento para los niños desnutridos.
—¿Usted se imaginaba ser capaz de hacer todo esto cuando empezó?
Sinceramente, no. Pero ahora sigo con la sensación de que se ha realizado poco, porque ¡queda tanto por hacer en Honduras!...
—¿Cree que ahora va a ser más difícil?
¡Claro! Intentaré trabajar más adelante con mi ONG, Al Andalus, para Honduras. Pero soy realista y sé que no es lo mismo hacer las cosas con el respaldo del Gobierno de mi marido que ahora, simplemente, desde mi ONG. También me está ayudando mucho la ONG española O Belen.
—¿Cómo ve su futuro?
A nivel personal, va a ser mejor, porque no voy a llevar el ritmo que llevo, trabajando doce y catorce horas, y luego los niños, en la casa. Tengo once.
—¿Todos en su casa?
Sí, además de los míos, Kevin, Milady, Francis, estaban nueve más (empieza a recordar uno a uno por sus nombres) en casa bajo mi tutela. Son niños que necesitan mucha atención personal. Hay varios desnutridos, uno en silla de ruedas por haber sido atropellado por un autobús, dos ciegos.
—¿Estos niños en calidad de qué estaban con usted?
En tutelaje, porque la mayoría tiene a su propia familia.
—¿Se los llevará a Nicaragua?
Ahora me marcho con mis tres hijos. Estoy pidiendo permiso a la familia para sacar del país a los tutelados (nueve),y si me lo dan, me los llevo a todos.

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