La sevillana Aguas Ocaña y su esposo, el presidente de Honduras, se separan

La decisión ya estaba tomada de meses atrás, pero los dos, Aguas Ocaña y Ricardo Maduro, mantuvieron las formas porque pensaron que prevalecía el interés público sobre las relaciones personales. Cuando estos días toma posesión el nuevo Presidente, es la propia Aguas quien nos lo confirma en exclusiva. Ha finalizado su papel como primera dama de Honduras y se marcha del país para tomarse unos meses de descanso. Se va a Nicaragua para poner su experiencia al servicio del país vecino, apoyada por la primera dama de Nicaragua, Lila de Bolaños. Y en cooperación con la fundación española O Belen, con la que colabora estrechamente. Ha dejado la casa presidencial y empieza una nueva vida. Un período de reflexión que le servirá para acallar todas las críticas a las que se ha visto sometida en las últimas semanas. Aguas ha escuchado de todo. Incluso la han criticado cuando quiso acercarse a Xiomara de Zelaya para ofrecerle su colaboración. Mujer temperamental, como es ella, ha considerado que es el momento de hacer mutis por el foro y comenzar una nueva vida con sus hijos adoptados.

En todo este tiempo junto a su esposo ha podido vivir la experiencia más hermosa de su vida, que era ayudar a su pueblo, a los más necesitados. Con razón quieren llevarla al cine y hay quien piensa que si no fuera tan guapa, con ese aspecto de «fashion woman», su labor se la podría comparar con personajes de la talla de Vicente Ferrer. Muchos prefieren ver una similitud con Evita Perón. Lo cierto es que Aguas no se quiere comparar a nadie, tiene clara su labor, muy lejos de cualquier ideario político y religioso. Lo que le importa es ayudar.

—¿Qué ha pasado para llegar a este punto?
Nos separamos de mutuo acuerdo. Ha sido una etapa positiva, muy bonita, porque me ha permitido trabajar en lo que realmente me gusta, ayudar a los que lo necesitan, pero, al final, nos dimos cuenta de que teníamos objetivos diferentes en la vida.
—¿Le ha resultado dolorosa esta separación?
Ha sido una etapa muy dura, con muchos condicionantes, y, al final, hay que tomar decisiones que no gustan a ninguno de los dos, pero creo que es lo mejor. De momento, cada uno seguirá su camino.
—¿Hay posibilidad de reconciliación?
De momento, no. Me voy del país, a Nicaragua, y dentro de unos meses, cuando haya pasado este tiempo, tengo la intención de volver, pero para seguir con mi labor a favor de los necesitados.
—¿Se podría decir que hay terceras personas? ¿Es cierto que su esposo se marcha a Miami?
No. Hay y habrá mucho respeto entre nosotros. Ricardo es un hombre muy valioso. Tiene pensado quedarse en Honduras con sus negocios y la familia.

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