Carmen Bazán, primeras Navidades de soltera tras divorciarse de Humberto Janeiro

"Ya he dicho que ese hombre no existe para mí"
—¿Y qué sabes del padre de tus hijos?
—Ni sé nada, ni lo quiero saber. No me hagas hablar, no me hagas hablar.

—Pues yo le encontré preocupado por su diabetes.
—Tú sabes más que yo. Tú sabes muy bien que dije que ese hombre ya no existe para mí.

—Ya, mujer, pero no sé qué decirte. Podrías llamarle para ver qué tal se encuentra.
—¿Llamarle yo?

—Pues sí.
—Ni muerta. ¿Me llamó él a mí cuando yo estuve mala en el hospital?

—Se interesó a través de tus hijos.
—¡Que no! ¡Que no le llamo! Yo estoy muy bien y se acabó. Además, ¿no dijo él que de haber sabido antes la forma en la que he reaccionado con todo esto del divorcio no se habría casado conmigo?

—Eso dijo, efectivamente.
—Yo tengo los mismos amigos que hace cuarenta años, así que...

—Pero yo le vi triste, Carmen.
—Y a mí me ves muy contenta.
—Desde luego.
—Pues ya está.

"Como ellas son mejores que yo…"
—De todas formas, Carmen, cómo han cambiado las tornas. Hace unos meses, Humberto Janeiro estaba exultante y tú más bien hundida.
—Pues eso. Pero como mi ex marido tiene muy buenas amigas, pues que le pongan muy alegre.

—Eso dice, que tiene buenas amigas.
—Pues eso, venga. Como ellas son mejores que yo...

—Yo presencié cómo al hablar de sus hijos se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Sí..., de cocodrilo. Te repito que no me hagas hablar, por favor.

—Tú eres la que mejor le conoces.
—¡Hombre! Si me he tirado con él cuarenta años... Le conocí con diecisiete años.

—La diabetes es un tema serio, Carmen.
—Cuando él estaba conmigo, también la tenía, pero estaba muy bien cuidado en mi casa, ¿sabes?

—Insinúas que ahora no lo está.
—Yo no lo sé. Ni me interesa ni quiero saber nada de él.

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