Gonzalo Miró y Francisco Rivera coincidieron en casa de Cayetano en Navidad

La cita era el 25 de diciembre en el nuevo chalé de Cayetano Martínez de Irujo y de su esposa, Genoveva, ubicado en la zona Oeste de Madrid, no muy lejos de las instalaciones de Radio Televisión Española. Los condes de Salvatierra habían querido reunir allí a su familia para almorzar el día de Navidad, tras haber cenado la noche anterior en el palacio de Liria. Esa casa y ese mediodía iban a ser testigos del primer encuentro entre Gonzalo Miró, novio de Eugenia Martínez de Irujo, y de Francisco Rivera tras el divorcio de los duques de Montoro, firmado días antes en un Juzgado de Familia de Madrid.

El torero llevaba a su hija para dejarla con su madre y la familia Alba. Por su parte, Gonzalo, con un pie permanentemente en Madrid y otro en Nueva York, llegaba con Eugenia. El diestro y el joven estudiante de cinematografía entraron por separado —habían llegado a horas distintas— en la casa, donde ya estaban Carlos Fitz-James Stuart, duque de Huéscar, con su dos hijos, nacidos de su matrimonio con Matilde Solís, de la que se divorció hace algún tiempo. Ni Gonzalo ni Francisco se quedaron mucho rato y tampoco hay constancia gráfica de si se saludaron o no, pero seguro que reinó el buen ambiente y la distensión que suelen aparecer entre una pareja que se ha divorciado de la manera más cordial posible, que tiene un hijo en común y que son felices tras haber rehecho sus respectivas vidas sentimentales.

Una nueva familia para Gonzalo
«Estas fiestas no me gustan mucho —decía Gonzalo en estas mismas páginas hace escasas semanas con un cierto sabor a nostalgia— porque son unos días familiares y yo no es que ande muy sobrado de familia, la verdad». Sin embargo, seguro que este año Gonzalo no olvidará estas fiestas por un doble motivo: el primero y principal, porque las ha pasado junto a la mujer de la que está enamorado, en el palacio de Liria y junto a los Alba; el segundo, porque ha sido una noche en familia. Gonzalo llegaba a Liria poco antes de las diez de la noche. Vestía traje y corbata. La ocasión lo requería. No quería defraudar en lo que iba a ser su «presentación oficial» ante la familia de Eugenia porque, como se suele decir, la primera impresión es física, aunque la duquesa de Alba ya conoce a Gonzalo y está encantada con él. Pero no sólo porque a su lado ve feliz a su hija, como Cayetana ha recalcado, sino porque el propio Gonzalo se ha ganado el cariño de la duquesa de Alba por su forma de ser y por su manera de querer a la duquesa de Montoro.

Horas antes de la llegada de Gonzalo, Francisco Rivera abandonaba el palacio de Liria con su hija, a la que acababa de ir a recoger para irse con ella a casa de la familia de su novia, Blanca Martínez de Irujo, que, como nuestros lectores recordarán, es prima de Eugenia. Porque si se han cerrado las puertas de su matrimonio con Eugenia, el diestro tendrá siempre abiertas las de Liria. Francisco dejó aparcado su vehículo en la puerta principal y entró a por su hija, que estaba con su abuela materna y con sus primos. Una situación, la de Francisco yendo y viniendo al palacio, que se vivirá con mucha frecuencia a partir de ahora, en tanto en cuanto Eugenia viva en Liria, ya que el régimen de visitas estipulado en el convenio regulador del divorcio permite al diestro una gran flexibilidad en cuanto a los horarios. También estuvieron en la cena Jacobo y Brianda, los hijos del conde de Siruela y de su ex esposa, María Eugenia Fernández de Castro. Y hasta Liria les acercó Guillermo, con quien su madre mantiene una relación sentimental desde hace ya unos años

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