Isabel Sartorius: 'Creo que la gente me quiere porque doy pena, pero soy feliz'

ante las circunstancias. Ha sido muy difícil encontrar el punto de retorno.
—Como si de repente todo encajara...
Sin darme cuenta estaba de nuevo en el exterior, paseaba por las calles y respiraba. Las persecuciones periodísticas habían cesado casi por completo y, entonces, pensé que ya no podía seguir usando, por más tiempo, la disculpa del acoso y que había que salir a buscar resultados. Mi vida empezó a cambiar. Conocí a muchas personas y, a la vez, recuperé amigos de siempre con los que he vivido situaciones alegres y, también, momentos muy difíciles.
—Y, sin embargo, sigue sola.¿Por qué?
Quizá porque nunca fui lo suficientemente adulta para asumir con todas las consecuencias lo que eso significa, y, sobre todo, porque mientras viví feliz en mi pequeño mundo me aferré a la idea de que yo sola me sobraba y me bastaba para tirar del carro. Ahora, aunque sigue sin preocuparme, sé que sería genial poder disfrutar de una relación. Pero no hay que ponerse nerviosos.
—No deja de ser llamativo que usted, ante determinadas situaciones difíciles, en lugar de rebelarse, actúe siempre como si no pasara nada.
Nací con infinidad de privilegios. En un entorno que me permitía convertir mis aspiraciones en realidades... Hay tanto dolor y tanto sufrimiento ahí fuera que no puedo permitirme pensar que no he sido afortunada. Estoy bien, muy bien y me considero muy afortunada.
—¿El sufrimiento redime?
Te eleva. Te hace más espiritual. Más fuerte, y a la vez, más vulnerable. Yo también he pasado por algunos de esos momentos bajos y siempre persiste el instinto de supervivencia. De salir hacia delante cargando a la espalda lo que sea. Es natural que el sufrimiento provoque rencor y rabia, pero hay que intentar convertir esos sentimientos en una parte más del camino espiritual de la vida.
—¿Por qué se dice, entonces, que tiene los ojos tristes?
¿De verdad? No me siento triste, aunque reconozco que mi actitud huidiza puede haber llevado a esa mala interpretación. Pero no, no sólo no tengo los ojos tristes, sino que me considero una persona muy alegre. La risa te acerca a los demás. No es difícil hacerme reír. A veces, aunque suene exagerado, me río hasta las lágrimas.
—Tiene «fans » incondicionales por todas partes. ¿Qué le da usted a la gente para que la quiera tanto?
No deja de sorprenderme. Lo sé por las cartas que recibo y por los comentarios que hacen cuando me paran por la calle para interesarse por mi vida, para decirme, incluso,que rezan por mí por la noche. Siempre les estaré agradecida.

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