Álvaro de Marichalar establece un nuevo récord de moto acuática

«El capellán del puerto de Barcelona ha venido a bendecir la pequeña embarcación y a su tripulante. Es un momento lleno de fuerza y emoción que viajará conmigo. Al zarpar hago ondear la bandera de la Ciudad Condal. Después, la de Ucrania. Por fin, la de España junto a la senyera. Estas expediciones unen sentimientos y países. Navegaré todo el día hasta llegar a Cadaqués, desde donde decido cruzar el golfo de León, algo arriesgado, pero si lo consigo cruzar a rumbo batiré el récord de distancia navegada a mar abierto sin asistencia». ...

«En Mónaco me recibe el príncipe Alberto. Como hago siempre en cada puerto de recalada, le entrego una bandera de España (llevo veinte en mi bolsa estanca, junto a un pantalón y dos camisetas como único equipaje). El príncipe me entrega la de Mónaco, interesándose mucho por las condiciones de navegación, el esfuerzo físico que supone navegar en pie catorce horas de media al día, la logística y los objetivos de este viaje, especialmente las donaciones a instituciones benéficas y la promoción del deporte y vida sana. Sus preguntas son las de un verdadero deportista que conoce además la mar». ...

Odessa al fin
«Navegar a lo largo de las costas de Bulgaria y Rumania está siendo tan complicado como me imaginaba. Hace frío; el cielo, gris; llueve. La mar es muy dura aquí. Hoy olas enormes y no hay prácticamente puertos donde poder esconderse de estos monstruos de agua que nos quieren tragar a "Numancia" y a mí. Mis manos están llenas de llagas y las muñecas muy doloridas. Tengo una herida bastante fea en el pie derecho y mi embarcación no está en su mejor momento... Pero poco a poco voy avanzando. Rumbo Norte ahora; el delta del Danubio es un peligroso laberinto donde decido parar al caer la noche, las siete de la tarde (dos horas menos en Canarias)». ...

«Zarpo rumbo Odessa. Es el último día. Después de quince horas de navegación, a las diez de la noche, llego al puerto de Odessa, ondeando la bandera de España. Después ondeo la de Barcelona, que entregaré al alcalde de Odessa al saltar a tierra. La he traído desde España para dejarla aquí. En memoria de José de Ribas, el fundador de Odessa. Un catalán, un español que en el siglo XVIII, siendo almirante de la flota rusa, fundó esta ciudad».

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