Las imágenes más esperadas: Francisco Rivera y Blanca Martínez de Irujo, el romántico paseo por el campo de dos enamorados

El decisivo viaje a Portugal
Igual que el matrimonio entre Francisco y Eugenia se rompía definitivamente este verano, el de Blanca Martínez de Irujo con el empresario italiano Emanuele Bonomi hacía aguas desde hace casi dos años. Después de cinco años viviendo en Milán, Blanca regresó hace dos a Madrid con su familia. Emanuele vive desde entonces a caballo entre Italia y España y la distancia agudiza la crisis que vive el matrimonio.

A finales de verano, los rumores que relacionan a Blanca con el torero provocan que éste envíe un comunicado a los medios negando una relación sentimental entre ambos. En ese momento tan sólo son buenos amigos. Hace un mes, Blanca decide solicitar el divorcio de Emanuele y empieza una relación más íntima con Francisco. Para estar seguros de sus sentimientos deciden hacer un corto viaje a Portugal. A la vuelta del mismo hacen público a sus más íntimos que están enamorados. Francisco se lo comunica telefónicamente a su tía, Belén Ordóñez, a la duquesa de Alba y a su ex cuñado Cayetano Martínez de Irujo. Después ambos hablarán con la madre de Blanca. Son conscientes de que, dada la relación familiar entre Blanca y Eugenia, su relación sentimental es una sorpresa a los ojos de la mayoría, pero están felices y enamorados, decididos a rehacer sus vidas y cuentan con el apoyo de los más cercanos.

Juntos con Cayetana
Satisfechos por la decisión que han tomado, ahora disfrutan de su amor. Estos días lo han hecho en tierras extremeñas. Amantes del campo, Blanca y Francisco han permanecido unos días rodeados de Naturaleza. Y con ellos estaba la pequeña Cayetana, que conoce y adora a Blanca desde hace muchos años. Los tres, acompañados por las hijas de unos amigos, pasearon por una pequeña localidad extremeña, donde acudieron a hacer algunas compras. En todo momento, a la pareja se la veía muy pendiente de los niños que les acompañaban. Y, sobre todo, relajados, tranquilos, conscientes del paso que dan y felices por hacerlo.

A Fran y Blanca les han unido unas situaciones similares. Sendos fracasos matrimoniales y dos hijas de la misma edad unen mucho. Vidas paralelas y aficiones comunes han hecho que de una amistad acabara por surgir algo más. Ninguno de los dos es amante de las fiestas y la vida social. Prefieren una vida más tranquila, en la que no suenan ecos de sociedad. Por ello, en cuanto pueden, huyen al campo.

Blanca es discreta y tímida, su estilo es informal y juvenil y lo suyo son los deportes y la vida tranquila. Desde que regresó de Milán, hace casi dos años, su vida ha sido su niña, Blanquita. A pesar de que habla cuatro idiomas —inglés, francés e italiano, además de español—, no ha querido por ahora regresar al mundo laboral, donde tuvo sus primeros contactos en el área del periodismo.

Ahora, después de una dolorosa separación, también Blanca recupera la sonrisa al lado del torero. Y si la cara es el espejo del alma, la de Francisco es el reflejo de la felicidad. Con una sonrisa desde hace mucho inédita en su rostro.

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