La duquesa de Alba habla en exclusiva sobre su vida y sus hijos con Belén Ordóñez

que torea llamo todos los días para ver cómo le ha ido. Luego conocí a Cayetano y me encantó como persona. Y ahora me preocupo y me ocupo de los dos.
—Carlos, duque de Huéscar, va a ser el futuro duque de Alba del siglo veintiuno. ¿Le ha inculcado alguna educación especial o algún valor para desarrollar bien su labor el día de mañana?
No, yo no le digo nada. Yo le dejo ir un poco a su aire. Y es que tampoco nos parecemos mucho él y yo. Cada uno tiene su forma de pensar y sus gustos. En eso les he dejado mucha libertad. Cuando vivía su padre, era mucho más severa la cuestión. Yo no tenía esa fuerza para decir las cosas. Creo que por eso los pequeños han sido los más rebeldes.
—¿Y le gustaría que se casara de nuevo?
Sí, me gustaría. Pero yo no lo sé, porque nunca me cuentan nada (se ríe). Me tienen prohibido contar nada por ahí. Entre pregunta y respuesta, Cayetana piensa, reflexiona lo que va a contestar. Es ágil y contundente en sus respuestas, una mujer inteligente y sutil, educada y acostumbrada a estas situaciones toda la vida. Me ha confesado que para comer toma cerveza de barril, pero que sólo tiene barril en Sevilla durante la primavera y el verano.
—De todos los cuadros, objetos y obras de arte, ¿cuál es al que más cariño tiene?
Un retrato de una señora del francés Renoir y una menina de Velázquez.
—Qué le parece si hablamos de su amor hacia los animales, a los toros, a los perros, a los caballos, que yo sé que usted manda retirar a los de picar cuando son viejecitos y se los lleva al campo.
(Se ríe.) Sí, me gustan mucho. Hay uno que me mandaron, «El Careto». ¿Te acuerdas? El que abría y cerraba la boca cuando salía al ruedo del miedo que tenía. Pues está en la finca y es encantador. Me conoce cuando llego, levanta la pata y le doy zanahorias. Está feliz con los demás caballos.
—Y la afición a los toros, ¿le vino de su padre?
Sí, se puede decir que sí. A mi padre le gustaban e iba siempre a la Maestranza de Sevilla. A mi primer marido también le gustaban mucho, y a Jesús también. A mí, como sabes, me encantan los toros. Me daba pena antes por los caballos, pero ya no se ven esas cosas hoy en día. Siempre he tenido mucha conexión con el mundo del toro. Tengo muchos amigos toreros y, sobre todo, tu familia, como tu padre, Antonio, al que yo quería muchísimo.
—Otra de sus aficiones es el cine.
Sí, me encanta. Y el teatro también. La verdad es que me gustan tantas cosas, que nunca tengo tiempo para todo.

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