Cayetana de Alba habla en exclusiva con Belén Ordóñez sobre su vida

La excelentísima e ilustrísima señora duquesa de Alba es una de las personas que más admiro. Madre y abuela, es una mujer inteligente, sensible, culta, sencilla, educada, amable, cultivadora de amistades y fiel a ellas...En fin, española de mantilla en sus momentos; de bulerías y defensora de las etnias, en otros. Esta señora es grande de España, una persona con un estilo especial en todas sus manifestaciones. Es moderna, pero no viaja en avión, y es a la vez una romántica y una mujer de rompe y rasga. Doy gracias a la vida por conocerla, respetarla y, ante todo, quererla. Llegar a Liria otra vez, como tantas otras veces, es siempre diferente. Recuerdo la primera vez que vine: éramos mi hermana y yo muy jóvenes, jovencísimas; tendríamos unos trece o catorce años. Jacobo, que entonces pintaba, era nuestro amigo, y más de una tarde pasábamos por los mismos pasillos que ahora lo hago para ir arriba a su estudio, que era también el lugar de reunión y de oír música.

Otras veces vine en Navidades para ver a Cayetana. Y estuve el día más triste: en la capilla ardiente de don Jesús, último duque de Alba. Hoy soy recibida en un saloncito muy vivido en la planta baja, a la derecha de la entrada, por el mencionado pasillo abarrotado de cuadros y obras de arte. ¡Está guapa Cayetana esta mañana! A la hora en punto que quedamos aparece nuestra duquesa con una bonita falda en gasa estampada en burdeos y un jersey claro con unas flores a juego. Cayetana es muy activa, tiene una agenda llena de compromisos, es una persona valiente como el día. Acogedora. Inmediatamente se presta con toda cordialidad a lo que pidamos. Nos ofrece algo de tomar, demostrando ser todo lo que es: una señora. Nos hacen unas fotos juntas y nos dejan allí, en ese saloncito lleno de pequeñas colecciones: dedales de porcelana, pequeños frascos...En la mesa, fotos de sus nietos mayores, de ella vestida de amazona en la Feria de Sevilla, con sombrero de ala ancha, y también una de mi sobrino Francisco, su querido yerno, de luces y sonriente en una plaza de toros.

—¿Se considera una mujer de su tiempo, moderna o tradicional?
Creo que he sido una mujer muy adelantada respecto a los tiempos en los que yo era joven. Me eduqué mucho fuera, en Francia y en Inglaterra.
—¿Era buena estudiante?
Yo era un poco bohemia y estudiaba porque había que estudiar. A mí me gustaba el arte en general: la pintura, la música, la lectura...Todo lo que sea arte. También me gustaban los deportes, me gustaba el caballo, el esquí de nieve y el tenis. Y también la Historia y la literatura. La aritmética y todo eso no me gustaba nada.

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