Así se preparó Ariadne Artiles para su boda

La noche previa a su boda, Ariadne se quedó en la casa que el piloto tiene en la isla, un fantástico chalé con vistas a un campo de golf. Fonsi pasó la noche en el hotel donde se celebró la boda. Esa noche se despidieron hasta el día siguiente. Hasta el altar.

No es difícil imaginar los nervios de la mayoría de las novias el día de su boda. Pues nada que ver con Ariadne. Era todo templanza, tranquilidad y equilibrio. A su alrededor se movían —mucho más nerviosas que ella— un enjambre de ayudantes, de peluqueros, de asistentes y de amigas que corrían por los pasillos preparando sus estilismos. Sosegada, Ariadne las miraba entre divertida y pícara. Con tan sólo veintitrés años esta bella canaria ha demostrado que tiene las cosas claras, que tiene la cabeza muy bien amueblada y que su principal atractivo no es sólo el evidente: lo es más su personalidad.

Ari sonríe. Destila tranquilidad, pero también ilusión. Habla con ese dulce acento canario, que conquista, y mira con esos enormes ojos que seducen a todos los que pululan a su alrededor. Preparando su maquillaje está Victoria de Marco (para Styla), y ocupándose de su melena se encuentra Christoph Hasenbein, que se trasladó expresamente desde París. Juntos habían trabajado en la campaña de L’Oréal para Garnier de «cien por cien color» y había mucho «feeling». Ari pasea por la casa descalza, con un camisoncito blanco y con la cabeza llena de rulos. Por fin llega Manuel Mota, diseñador para Pronovias del vestido. El genio de la aguja —no hay otro igual y, sin embargo, no hay quien le engorde el ego— ha diseñado un vestido que es una joya para la novia. Manuel también diseñó el traje que vistió Genoveva Casanova, hoy ya condesa de Salvatierra. Por eso y por una intachable trayectoria, se ha convertido en el diseñador de moda. Genio no le falta.

SEXY Y FEMENINA
Manuel y Ari han congeniado de maravilla. Eso se ve. El modisto está allí para ayudar a vestir a la novia. El traje, deslumbrante; pero verlo enfundado en la novia... era un espectáculo. No podía estar más guapa. Ari es mujer de rompe y rasga y ni en el día de su boda renuncia a un escotazo. Muy «sexy» y femenina: el resultado que buscaba. Con el modisto, ayudando en lo que pueden, está su hermana Aída, que ya se ha puesto un precioso traje de Alberta Ferreti en gasas moradas y negras con un gran escote y corte imperio. Tiene diecisiete años y la planta de su hermana, por lo que no nos extrañaría verla pronto luciendo palmito en pasarela. De su madre, también de nombre Aída, que se ha puesto un vestido azul de Loewe, se ve que ha heredado la belleza. Las tres ríen mientras Ari se coloca la liga con un lazo azul que le regalaron sus amigas en su despedida de soltera. Tampoco su abuela, Rosa Carballo, se pierde estos momentos cargados de emotividad, y le ayuda a colocarse los pendientes: unos sencillos brillantes de Carrera & Carrera.

Más sobre: