Carmen Bazán, divorcio de Humberto Janeiro y demanda penal

Carmen Bazán sonríe en ‘Ambiciones’, su hogar, la finca de su hijo Jesulín de Ubrique. Muy poco tiene que ver con la mujer hundida que hace meses aparecía ante nuestras cámaras. Junto a ella está Víctor, el pequeño, torero como su popular hermano, que pasa la mayor parte del día en la finca, aunque ya tenga casa propia, levantada con el dinero del premio que ganó en ‘La selva de los famosos’. Más tarde llega Humberto, el mayor, piloto de líneas aéreas, con dos casas abiertas, una en Madrid y otra en Jerez. Una ciudad, esta última, donde también vive de alquiler Jesulín con su esposa, María José, y la pequeña Julia, a la espera de que les entreguen, dentro de dos años, la casa que se han comprado allí para que su hija pueda ir al colegio. Carmen, la única hija del ya ex matrimonio Janeiro, no tardará en subir desde su chalé casi al borde de la carretera. Jesús y María José se han ido a Kenia con dos matrimonios más. La caza es una de las grandes pasiones del diestro. Trofeos por todas partes, de muchos lugares, de distintos continentes.

Aunque todo sigue igual, ya nada es lo mismo
Carmen Bazán no para de reír mientras le pide al peluquero que le deje el cabello natural: ‘No me repeines’, le advierte una y otra vez. Humberto se despide de su madre, Víctor desaparece en silencio, como por encanto, y Carmen irrumpe en la gran sala que hace las veces de ‘cuartel general’ en la vida cotidiana de los Janeiro. Aunque todo sigue igual, ya nada es lo mismo. Sobre todo, para la madre de Jesulín, hoy ya una mujer divorciada. La sentencia está aún fresca, reciente.

Ambos, Carmen y su ex marido, continuarán disfrutando del usufructo de ‘Ambiciones’, el sueño de un gran torero, en un tiempo reino de una familia que hoy se ha deshecho como tal tras la sentencia de divorcio. Un nuevo estado civil que, al menos en el caso de Carmen, no llevará a su corazón a lanzar las campanas al vuelo. Aunque sea ‘un pájaro libre’. Lo pregona sin temor, con el dolor ya oculto tras el plomo de las cortinas que van cerrando una etapa de su vida.

‘Pago cuatrocientos euros mensuales a la seguridad social’
—Hemos demandado a mi ex marido—explica Carmen nada más empezar la conversación— porque ha dejado de pagarme los mil euros de pensión mensual estipulados.
—Entonces, ¿cuál es la cantidad que lleva sin pagar?
—Ya me debe dieciséis mil euros, incluidos los atrasos. Mi abogada me dijo que teníamos que demandar penalmente a Humberto por incumplimiento en lo acordado en los pagos.
—Vamos a remontarnos en los hechos, Carmen.
—Recuerdo que un día me llamaron del banco para decirme que no podían hacerse cargo de los cuatrocientos euros que yo pago como autónomo a la Seguridad Social al no tener saldo en mi cuenta. Entonces pensé yo para mí: ‘Qué raro, porque Humberto me ingresa los mil euros mensuales en esa cuenta y siempre me los cobran allí’.
—El caso es que no había fondos.
—No los había.
—Le llamarías a Humberto para ver qué pasaba.
—Yo no le dirijo la palabra. Es más, procuro no cruzarme con él para no verle siquiera.
—Ya, bueno, tu abogada.
—Sí, bueno. ¿Y sabes lo que él respondió?
—Tú dirás.
—Pues que no podía pagar la pensión porque ya se había ido de la finca y tenía otra casa que mantener.
—Tus hijos habrán salido en tu ayuda.
—Mis hijos me han dicho que si yo quiero, ellos me ayudan económicamente.
—Pues mira.
—Sí, pero yo no quiero que lo hagan, porque es mi ex marido quien tiene que darme el dinero que me corresponde según el acuerdo al que llegamos en su día.

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