El encuentro de Francisco y Eugenia en la boda de los condes de Salvatierra

Siete años después, y en Sevilla, Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera volvían a encontrarse. De nuevo se volvían a ver en el palacio de Las Dueñas, el mismo escenario en el que el 23 de octubre de 1998, el día de su boda, se reunían con sus familias para posar para las fotografías más privadas de su enlace. Pero nada que ver entre lo vivido hace siete años y lo ocurrido el pasado sábado, el día de la boda de Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova.

No hay complicidad, sonrisas y una felicidad y un amor que no se puede ocultar. El sábado se mostraron correctos pero distantes, fríos, se saludaron pero después apenas se dirigieron la palabra incluso Francisco -asegurando que al día siguiente tenía que torear el Alba de Tormes- se fue antes de que comenzara el banquete acompañado de su hermano Cayetano. Sólo acompañó a los novios en la ceremonia religiosa y en el cóctel que precedió al banquete. El único testimonio gráfico del encuentro es la fotografía en la que los novios posan con los testigos de Cayetano. Eugenia, radiante, aparece sentada el centro de la imagen. Francisco, mucho más serio, está a la izquierda de la imagen, confundido entre otros testigos y casi no se deja ver.

No ha dejado de sorprender el hecho de que Cayetano incluyera entre sus testigos al que por más que siga estando legalmente casado con Eugenia, en la práctica es, desde hace unos años, su ex cuñado, Francisco Rivera Ordóñez. Es más, estaba previsto de que fuera Francisco quién leyera cuatro de las siete peticiones de la oración de los fieles durante la ceremonia religiosa aunque finalmente le sustituyó Emilio Butragueño. Eugenia, en cambio, tal y como estaba previsto, leyó durante el oficio celebrado por el padre Jiménez Sánchez-Dalp, un pasaje del Cantar de los Cantares.

La presencia, y sobretodo, el ‘protagonismo’ concedido a Francisco tiene, sin embargo, una clara explicación: el torero y el conde de Salvatierra son grandes amigos. Puestas así las cosas, lo que está claro es que esta boda sirve de ocasión para que Francisco y Eugenia se vuelvan a encontrar. Una Eugenia de la que, en un determinado momento, se llegó a decir que no estaría presente en la boda de su hermano preferido y a ello contribuyó el hecho de que dos días antes se encontrara en Nueva York al lado de Gonzalo Miró. Sin embargo, la duquesa de Montoro regresaba a Sevilla la víspera de la boda de Cayetano.

Otra cosa es que a quien le hubiera gustado a la duquesa de Montoro tener a su lado en esta fecha tan señalada -y que casi coincide con el séptimo aniversario de su boda con Francisco- fuera a Gonzalo, el joven del que hoy está enamorada y quien no asistió a esta boda porque, entre otras cosas, ni siquiera ha sido presentado a su madre, la duquesa, ni al resto de la familia.

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