Boda de Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova en Sevilla

Conduciendo su propio coche, la Duquesa de Montoro (que había llegado un día antes de Nueva York, ciudad en la que se despidió de Gonzalo Miró, tras unos días juntos en París y en las inmediaciones del Port Aventura, donde el joven inauguró la temporada) no quiso perderse la boda de su hermano, y padrino en su boda.
Y la Duquesa de Alba abrió las puertas del palacio de Dueñas para que la boda lograra el nivel de intimidad que ellos habían soñado. Adornada la capilla del palacio con flores de Marta Pastega, de Búcaro, y la señora Solís, de la floristería Barrio de Santa Cruz, para Cayetana Casanova casarse en este espacio tan íntimo tenía un valor sentimental añadido: se casaba bajo el cuadro de la virgen de Guadalupe, patrona de México. Buen augurio para un "sí quiero" tan esperado.

La intimidad no lograda
Días antes de la boda los nervios estaban a flor de piel. La familia de Genoveva Casanova fue llegando poco a poco. Su padre Larry lo hizo acompañado por su actual esposa y por su hijo pequeño, de seis años. También lo hizo, desde días antes pues se la pudo ver en Madrid en la despedida de soltera de Genoveva, a su hermana Denise, con quien tanta complicidad tiene. Mariana, la madre de ambas, se ha alojado, como otros de los invitados más allegados, en Las Arroyuelas, la casa de Carmona donde Cayetano y Casanova vivieron durante dos años. También acudió a Sevilla, para una fecha tan especial, la familia danesa de Genoveva. Y familiares residentes en Estados Unidos. Además, los amigos de la pareja y algunos amigos de la Duquesa (entre los que destaca Curro Romero y Carmen Tello, que volaron desde Santander, donde el día antes se había celebrado la boda de Conchín Romero Márquez, hija del diestro y Concha Márquez Piquer) dieron por cumplida la lista de cerca de doscientos invitados. Pocos, pero muy bien avenidos... Y elegantes. Muy elegantes.

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