Los secretos mejor guardados de la boda de los Condes de Salvatierra

La boda de Cayetano y Genoveva ha generado un gran interés, en buena parte por la discreción y secreto con el que se han llevado algunos de los preparativos del enlace. Pero, al final, y a pesar de los nervios previos, la sonrisa de la Duquesa de Alba, así como la sonrisa que se descubrió en Cayetano poco antes de la boda, nos descubrió que se habían relajado los nervios, se habían despejado los secretos y que, al fin, el enlace no era más que lo que siempre tuvo que haber sido: un motivo de felicidad y alegría.

Los secretos mejor guardados
Esta boda se ha caracterizado por el hermetismo de los contrayentes y la discreción de los amigos. El secreto mejor guardado, como no podía ser menos, fue el diseñador del traje de la novia. Se sabía que la firma elegida era Pronovias, pero se dudó hasta el día mismo del enlace si el diseñador elegido iba a ser Ungaro, Valentino o Manuel Mota. Al final, ha sido este último el agraciado en vestir a Genoveva Casanova en un día tan especial. Espectacular el vestido, con cuatro metros de cola, y palabra de honor, la belleza de Genoveva brilló aún con más fuerza. Además de los secretos, en torno a la boda hubo varios chascarrillos y rumores que se fueron despejando. ¿Iba a ir Eugenia Martínez de Irujo con Gonzalo Miró? La respuesta final fue no. ¿Iba a acudir Francisco Rivera Ordóñez? En este caso, la respuesta es sí... por los pelos, ya que el diestro ha padecido una afección viral que a punto ha estado de impedirle ejercer de testigo en la boda.

Tras el sí quiero
Tras la intimidad de la ceremonia, los invitados pudieron degustar un menú a cargo de Salvador Gallego. Dicen que no faltó el tequila, como tampoco faltaron los mariachis. A eso de las doce, más invitados acudieron a la fiesta. Una noche de contrastes porque en la boda de los Condes de Salvatierra, el sabor de Andalucía se vio sabiamente acompasado con el sabor de México. Porque, Siempre Así, el mismo grupo actuó en la despedida de solteros de los Duques de Palma, se encargó de amenizar la velada. Mientras dentro del Palacio disfrutaban del banquete, la prensa y los curiosos esperaban, ilusionados, la posibilidad de que los recién casados pudieran salir a saludar. No fue así. Pero alguien de la Casa de Alba sí quiso agradecer a los congregados todo el cariño que les estaban brindando. La Duquesa de Alba, muy elegante vestida en color burdeos, por su buen amigo, el diseñador sevillano Tony Benítez, salió a la puerta de Palacio, muy sonriente y feliz. Al fin, la boda se había celebrado. Al fin, una de los sueños de la Duquesa se había cumplido. Y la sonrisa era completa.

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