"Su sangre es más azul que todas las sangres azules del mundo" escribió un día la gran periodista Oriana Fallaci refiriéndose a María del Rosario Cayetana Victoria Alfonsa Fitz-James Stuart. Y añadía: "Tanto es así, que si en la puerta de un ascensor se encontraran la Reina Isabel II de Inglaterra y la Duquesa de Alba, aquélla debería cederle el paso". Y, sin embargo, Cayetana que ante el piropo de Fallaci comentó en su día "eso nunca sería así", no es una mujer distante, puesto que, aunque por cuna está aupada en el más alto árbol genealógico de la nobleza, ha sabido mantener siempre los pies sobre la tierra.

De talante abierto y espontáneo, Cayetana es una mujer comunicativa y que, a la vez, tiene en la discreción su mayor virtud; es próxima y al mismo tiempo independiente. Por otra parte, es persona que sabe adaptarse a cada situación y cada circunstancia . Y esto -tal y como puede apreciarse en este reportaje- lo lleva incluso al extremo de adoptar un diferente aire e incluso una distinta forma de vida...y hasta de manera de vestir, de acuerdo con el lugar.

Veinte veces grande de España , la España que acumula casi cincuenta títulos nobiliarios ha sabido mantenerse, a través de los años, como símbolo de genuina autenticidad, porque siempre supo, sigue sabiendo, estar en su lugar y porque siempre quiso vivir, y vivió, según sus ideas. Esta fue siempre su táctica y su práctica. Y así lo daba a entender cuando afirmaba: "Qué los demás vivan su vida y a mí me dejen vivir la mía. De nacer de nuevo, volvería a vivir como he vivido". Por otra parte, la duquesa de Alba es una mujer sin doblez ni artificiosidad, a la vez que sin disimulo ni barrera mayéstica y protectora alguna que haya levantado a su alrededor. Así lo afirmaba y confirmaba cuando en una ocasión decía: "Todo el mundo sabe cómo soy, porque...soy un libro abierto". Así de clara y así de rotunda. Y es que bajo esa aparente fragilidad que se quiebra incluso en su voz, y al lado de la mujer dulce que, sin duda, es, Cayetana es también una mujer fuerte.

La duquesa de Alba es, desde hace algún tiempo, permanente centro de atención por las situaciones familiares que rodean la vida de algunos de sus hijos. Cayetana, detrás de su aparente fragilidad, atesora una gran firmeza que le sirve para llevar con buena mano que no vacila y buen tiento el timón de los Alba, sabe también hacer uso de esa firmeza y ese buen tiento cuando tiene que aconsejar a sus hijos cuando éstos recaban su opinión.

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