Boda de Alfonso Martínez de Irujo y María Hohenlohe
La boda de Alfonso Martínez de Irujo Fitz-James Stuart fue la primera de los seis hijos de la duquesa de Alba y Luis Martínez de Irujo. El duque de Aliaga contrajo matrimonio con la princesa María Hohenlohe Langenburg de la Cuadra el cuatro de julio de 1977 en la parroquia de la Virgen Madre de Andalucía la Nueva, en Marbella. Cayetana Fitz-James Stuart ejercía por primera vez de madrina de boda y en esta ocasión no lució mantilla sino un llamativo tocado de flores rosas y moradas a tono con su vestido.

Aunque quiso oficiarla el sacerdote Alonso, capellán de la duquesa, fue finalmente el párroco de la Virgen Madre quien celebró el enlace. Como después sucedería con las bodas de sus hermanos, fue uno de los grandes acontecimientos sociales del año. Asistieron más de ochocientos invitados y el banquete tuvo lugar en Puente Romano, el mítico club creado por el príncipe Alfonso de Hohenlohe, tío de la novia. María lucía un vestido de organza de Pedro Rodríguez, velo de tul y la diadema prusiana de la Casa de Híjar , prestada por la duquesa de Alba, con la que en 1988 se casaría Matilde Solís. Los duques de Aliaga, hoy separados, tuvieron dos hijos, Luis, de veintisiete años, y Javier, de veinticuatro.

El conde de Siruela
Jacobo Fitz-James Stuart contrajo matrimonio con María Eugenia Fernández de Castro el 1 de noviembre de 1980, a los veintiséis años, en una sencilla y privada ceremonia en la capilla del palacio de Liria, en Madrid. Tanto a la ceremonia como al banquete, celebrado también en el palacio, asistieron un centenar de invitados, todos ellos familiares de los contrayentes. La novia lucía un sencillo traje de dos piezas corto de color hueso, con flecos de pedrería de estilo comienzos de siglo. María Eugenia no lucía joyas ni adornos en el pelo. El novio, por su parte, lucía chaqué. Al celebrarse la boda en la intimidad de palacio, la duquesa de Alba no llevó mantilla, como tampoco la lucieron el resto de las invitadas. La madrina, como es tradición, fue Cayetana mientras que el padre de la novia, Fernando Fernández de Castro, fue el padrino de boda mientras que los hermanos mayores de Jacobo, Carlos y Alfonso, fueron testigos. Eugenia, que entonces tenía doce años, llevó las arras vestida con un traje de color rojo.

Como los novios querían una ceremonia sencilla, se celebró un buffet en la primera planta del palacio y asistieron, entre otros los entonces marqueses de Griñón, Carlos Falcó e Isabel Preysler. Los contrayentes intercambiaron como regalos, una gargantilla de oro con brillantes para ella y un diccionario España-Calpe para él. Los condes de Siruela tuvieron dos hijos, Jacobo, de veinticuatro años, y Brianda, de veintiuno. La demanda de divorcio se presentó en 1998 y en marzo del pasado año, el conde de Siruela contrajo matrimonio en Venecia con la periodista Inka Martí, desde entonces condesa de Siruela. Su enlace se celebró en la intimidad y aunque sus dos familias estaban informados de la feliz noticia, sólo asistieron los hijos de ambos y la hermana de la periodista.

Boda de la duquesa de Montoro y Francisco Rivera
Sevilla era una fiesta como una fiesta era también el palacio de las Dueñas mientras Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, se vestía para salir del que fue escenario de su niñez camino de la catedral para contraer matrimonio con Francisco Rivera Ordóñez. Se repetía la historia vivida cincuenta y un años antes cuando, en 1947, en el mismo palacio, la duquesita de Montoro (entonces Cayetana Fitz-James Stuart) se vestía para su boda con Luis Martínez de Irujo.

El veintitrés de octubre de 1998 se unieron la aristocracia de cuna y la aristocracia de albero. Se casaba la única hija de la duquesa de Alba con Francisco Rivera, heredero de las dinastías taurinas más importantes del país, los Rivera, los Ordóñez y los Dominguín. "Aristocracia de cuna y aristocracia de albero -la duquesa y el toreo- hoy las dos se han vuelto una" se oía en Sevilla.

La boda tuvo lugar en la Catedral pero no en el altar mayor, como su madre y su hermano mayor, ya que la novia, por razones de protocolo, no podía casarse ante el altar mayor. La ceremonia fue oficiada por José Carrillo Moreno. La madrina, la madre del novio, y el padrino, Cayetano, el hermano al que Eugenia se siente más unida, que llevaba el uniforme de Maestrante de Sevilla. Los duques de Lugo volvían al templo en el que se casaron para representar a la Familia Real y de la calesa en la que la novia recorrió las calles sevillanas tiraban dos mulas, una deferencia de la nobleza a la Casa Real ya que sólo para la familia del rey se reservan los caballos.

El novio no se vistió de corto como hacen muchos toreros sino con el tradicional chaqué. Para la novia, el diseñador francés Ungaro creó un vestido en blanco duquesa de inspiración medieval. Lo que más llamaba la atención, sin embargo, fue la espectacular diadema de perlas, brillantes y platino con la que se casó su madre y que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo y que se valoró en cerca de un millón de euros. La tiara sujetaba un manto de corte propiedad de la Casa de Alba de color crema con encaje traslúcido. Cerca de mil trescientas personas entre las que no faltaron aristócratas, toreros, autoridades, empresarios, políticos, artistas, modelos asistieron a la boda que se llamó ‘La boda del año’. Es más, al igual que había sucedido anteriormente con la boda de las infantas Elena y Cristina, fue retransmitida en directo por Televisión Española. Como sucedió en la boda del duque de Huéscar, los sevillanos se echaron literalmente a la calle para aclamar a los novios y a sus invitados. Y también como en la boda del duque de Huéscar, de nuevo se dijo que era "la boda de las mantillas". En su mayoría de color blanco y crema, como la que llevaba la duquesa de Alba, pero también en azul eléctrico, como la que lució la madre del novio y que fue muy comentada.

Eugenia depositó su ramo de novia ante la Virgen de las Angustias y después, los duques de Montoro, visitaron a Antonio Ordóñez, abuelo de Francisco, que no pudo asistir al enlace de su nieto mayor por su delicado estado de salud. La emotiva visita fue el motivo de que el banquete nupcial, que tuvo lugar en la finca La Pizana (regalo de la duquesa a su hija) no comenzara hasta pasadas las cinco de la tarde.

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