La verdadera historia de Cayetano Ordóñez, el hombre del momento

Al preguntarle en aquella ocasión si Blanca, por entonces su esposa, iba a ir a verle torear, nos respondió: «Yo creo que no. En los toros lo pasa muy mal» (al final, Blanca llegó a ir al festival citado). Después, al querer saber si al menos había comentado con ella la decisión de enfrentarse a un novillo, nos dijo: «Por supuesto. Incluso antes de casarnos yo le había dicho que tenía ilusión por torear un festival... Pero no creo que por dentro esté como unas castañuelas, ni mucho menos».

Una difícil época
Por aquel entonces, Cayetano estuvo viviendo una delicada época, en la que no acababa de encontrar viabilidad a su formación como productor audiovisual, para lo que se había preparado durante tiempo en Los Ángeles. Y aquella inactividad hizo que, de alguna manera, Blanca Romero llegara a desesperarse. Tal vez, ella no sabía que en en el fondo lo que Cayetano estaba haciendo era madurar en lo más profundo de su alma la idea —y la decisión— de hacerse torero. Una ruptura cuyos motivos Blanca basaba en la diversa forma de enfrentarse ambos a la vida: «Yo tengo —decía— una meta y lucho por ella; Cayetano es más tranquilo que yo...». Sin embargo, la realidad de los hechos ha demostrado ahora que, aunque así lo creyera ella, Blanca estaba en un error cuando afirmaba tal cosa: Cayetano tiene hoy una meta, y va a por ella, y por ella lucha.

Blanca, refiriéndose a la vocación taurina de su marido, nos decía, más en concreto: «Me dijo que quería torear un festival, no que quería ser torero. En el festival estuve apoyándole. Lo pasé fatal en la plaza, pero allí estuve. Y ahora, si sigue adelante en su idea y decide torear... le deseo todos los triunfos del mundo y que le vaya muy bien. Pero yo prefiero quitarme del medio, aunque sé que voy a sufrir lo mismo, porque el cariño sigue ahí y siempre sufriré si sé que está toreando. Lo que sí digo es que, sea lo que sea, prefiero que el papel de esposa de torero lo ocupe otra. Yo no me siento capacitada para eso... El día que Cayetano se decidió por el mundo del toro fue ya el remate final». Sin embargo, en ese momento ya no había posibilidad de marcha atrás en la decisión de separarse. Blanca era así de clara al respecto: «No hay vuelta de hoja. Cuando el amor se deteriora y se rompe... se va todo y no vuelve jamás. Cuando se mata la magia del amor es imposible reconstruirla. No sé si alguien lo conseguirá, yo no... Varias veces he estado a punto de tirar la toalla, y ahora ya no hay toalla. Ni toalla ni dudas».

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