Eugenia y Gonzalo: las fotografías más románticas de un verano lleno de confidencias

Si hay un punto del planeta en el que se funden romanticismo y puro arte, ese lugar es, sin duda, la Toscana italiana. Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró están haciendo de su recién estrenado amor un delicado juego de viajes, que les ha llevado, en los escasos dos meses de su relación, a lugares tan bellos como la soñada isla de Ibiza, el Norte de Marruecos (se les vio pasear la semana pasada muy enamorados por Castillejo, en Tetuán) y, ahora, la Toscana italiana (en la provincia de Siena).
Podríamos decir que no hay amor sin viaje a Italia, y la duquesa de Montoro junto a Gonzalo Miró siguen, paso a paso, cada uno de los requisitos para conseguir que lo que muchos juzgaron como mero amor de verano (de los efímeros y caducos), se transforme en realidad que mira, sin miedo, al futuro.

Un gesto vale más que mil palabras
Durante el puente de agosto, y tras los románticos días vividos en Marruecos, Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró decidieron pasar unos días en Italia. Tal vez, la sombra del futuro viaje a Nueva York de Gonzalo, para bucear de lleno en el apasionante mundo de la dirección en el séptimo arte, esté acelerando el ritmo de "escapadas" de la pareja más buscada del verano.
La Toscana fue testigo de los dulces días que la duquesa de Montoro, de treinta y siete años, está viviendo. Y a Gonzalo Miró se le ve atento a cada gesto de Eugenia Martínez de Irujo. Pasearon de la mano, y se miraron a los ojos con una ternura difícil de ocultar, por las calles de San Gimignano, una pequeña urbe italiana que pertenece, por derecho propio, al Patrimonio Mundial de la Unesco. No cabe duda de que la pareja comparte algo más que un leve amor de verano.
Por lo pronto, ambos son apasionados de la belleza en todas sus manifestaciones artísticas. Visitaron la iglesia de San Francisco, con portada románica; sin embargo, el amor es así de traicionero, a Gonzalo Miró los ojos se le iban hacia Eugenia Martínez de Irujo, a quien el amor embellece. Con una sencilla falda y camiseta blancas y un colgante como único adorno, la duquesa de Montoro estaba radiante. La felicidad ha llamado este verano a su puerta. Y se le nota.

El palacio de Liria
Mientras aún alimentan el ocaso del verano con los románticos recuerdos de Ibiza, Marruecos y la Toscana, se pudo ver a la pareja a la puerta del madrileño palacio de Liria. El conducía y ella se dejaba conducir; los fotógrafos enfocaban la imagen para captar el momento y ellos avanzaban hacia el interior del palacio, porque su amor ya ni se exhibe ni se oculta. Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró han optado por ignorar el enorme interés que despierta su inaugurada relación y vivirla tal y como lo harían si no fueran quienes son: dos personajes públicos cuyas vidas despiertan más interés del que a ellos mismos, celosos de su vida privada, les gustaría generar. Por eso, los medios gráficos han podido captarles mientras accedían al palacio de Liria, bastión y hogar de la familia Alba. Una prueba más de que su relación no es un inocente capri- cho de los mares y sus puertos, así como evidencia de que si bien esta relación aún no se ha oficilializado, oficiosamente la Casa de Alba ha tenido que admitir lo innegable: Eugenia Martínez de Irujo parece estar de nuevo enamorada. Y su madre, la duquesa de Alba, conoce de primera mano la evolución del corazón de su hija, no sólo por las revistas.

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