El álbum de Gonzalo Miró, el joven de moda este verano

El drama de su vida
La directora y realizadora falleció el 19 de octubre de 1997 de un ataque al corazón cuando bajaba las escaleras de su casa, poco después de desayunar. El drama fue aún mayor, ya que fue el propio Gonzalo el que se la encontró desvanecida. Trató de reanimarla, pero todo fue inútil. Fue el momento más duro de su vida. A los dieciséis años se quedaba solo. Con sólo dieciocho años se independizó, y su inusitada madurez llamaba la atención: 'Vivo solo porque quería saber si me estaba engañando o si realmente aceptaba la realidad de que mi madre no estaba. Tenía que comprobar que no me derrumbaba', comentó en una entrevista que publicamos en estas páginas con motivo de su mayoría de edad.

Gonzalo, en realidad, nunca ha estado solo. Los amigos de su madre siempre han cuidado de él. En su testamento, Pilar incluyó a tres tutores, entre los que se encontraba el ex presidente del Gobierno Felipe González, que también era su padrino. Desde entonces y hasta ahora, quedan semanalmente.

El cariño de los Reyes
Los Reyes también mostraron su cariño al pequeño Gonzalo después de la muerte de su madre. La cineasta se había encargado de la retransmisión de las bodas de las infantas. Había una cálida amistad entre las dos familias, y el cariño hacia Gonzalo se mantuvo tras la muerte de la directora de cine. De aquellos días, el joven recuerda cómo la pérdida de su madre le hizo más fuerte y le obligó a poner 'los pies en la tierra'.

Aunque hace muchos años de su muerte, la cineasta sigue en la memoria de los españoles. Algo que Gonzalo siente en la calle, y algo de lo que se siente tremendamente orgulloso: 'Ya hace años que murió mi madre y todavía hay gente que me tira del moflete. Me dicen cuánto querían a mi madre, gente de la calle, gente normal'. Ese cariño se traducía en múltiples actos de homenaje, a los que Gonzalo ha asistido siempre puntualmente. De hecho, ha vivido siempre pendiente de la memoria de su madre.

Salto a la fama con doble pirueta
Pero de repente, un buen día, al chico de melena y coleta que habíamos visto quedarse huérfano y que despertaba ternura en todas las madres, se hace mayor. Comienza una relación con la actriz Natalia Verbeke que le catapulta a los titulares de la crónica social. El noviazgo termina, pero Gonzalo ya era todo un descubrimiento. Y es que el chico tiene gancho. Tiene presencia y encanto. Es guapo y educado, con un guiño y una sonrisa que prometen, y con un poso de tristeza en sus ojos que despierta ternura. En él se reconoce la mirada de su madre.

Aunque las cámaras le quieren, él quiere a la cámara, sobre todo si él mismo la sostiene detrás del objetivo. El joven Miró, que pasea con orgullo el apellido que le dio vida, sueña con rozar siquiera el arte de su madre como cineasta. Por este sueño, ya tenía las maletas listas para un largo viaje: la escuela de cine New York Film Academy le esperaba este otoño para un curso intensivo en la Gran Manzana. Sin embargo, su relación con Eugenia Martínez de Irujo parece que va más allá de un amor de verano, de aquellos que acaban cuando las playas retoman la calma otoñal. Ibiza, Marruecos y la Toscana son el mapa preciso de su amor estival. Ante la ternura que desprenden las imágenes del dulce peregrinar de la pareja, uno no puede menos que plantearse: 'Gonzalo Miró. Próxima estación: ¿Nueva York en solitario?'. El tiempo lo dirá..., mientras el propio Gonzalo —incluso en un comunicado— ha pedido respeto para él y su madre. Y pide también tiempo: un respiro.

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