Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró, fotografiados en Marruecos

El hijo de la desaparecida Pilar Miró se ha convertido en uno de los hombres más populares y con más tirón mediático. Un soltero de oro, ahora más que nunca, después de la millonaria venta de su casa. Desde hace unos meses, lo mismo le vemos haciendo sus pinitos en la pasarela que alternando con Carlos de Inglaterra en el torneo de polo de Porcelanosa. Su fama de galán le precede. Y ahora también la de conquistador. Gonzalo creció muy rápido. Perdió inesperadamente a su madre cuando tenía dieciséis años. Su infancia había transcurrido en los platós donde su madre rodaba películas como Beltenebros o El perro del hortelano. Allí se contagió de su pasión por el cine. Desde que se quedó huérfano, Felipe González ejerció como su tutor, ya que era su padrino. Gonzalo aprendió a vivir solo, pero no siempre. Encontró consuelo en brazos de la actriz Natalia Verbeke, la única novia "formal" que se le ha conocido. Ahora, a sus veinticuatro años, ya se le ha colgado el cartel de "rompecorazones".

Por su parte, Eugenia hasta hace unas semanas pasaba su verano aparentemente más tranquilo y solitario. Parecía que se encontraba a años luz del que le tocó vivir hace un año. Recordemos que el pasado estío padeció unos meses para olvidar con los tumultuosos escándalos que estallaban a su alrededor tras la muerte de su suegra, Carmen Ordóñez, con el idilio de su aún marido Francisco Rivera con Carla Goyanes, considerada una amiga de toda la vida, falsas acusaciones que llevaron incluso a hacer, por primera vez, un comunicado televisivo de desmentido, la utilización de conversaciones no autorizadas, y un acoso y derribo difícil de soportar le hicieron vivir unos meses difíciles. Fue más tarde cuando Eugenia recuperó la sonrisa. Y el que se la devolvió no fue otro que Colate Vallejo- Nágera, con quien este año comparte protagonismo, aunque cada uno por su lado. Luego la duquesa se reencontró con su marido, y se despertaron de nuevo los enésimos rumores de reconciliación, que ahora parece más lejos que nunca. Aunque eso es ya otra historia. Y muy lejana.

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