Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva se casarán el 15 de octubre

Hace cinco años que se esperaba esta noticia, los mismos que llevan de relación Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova. Ahora podemos anunciar que el hijo de la duquesa de Alba y la bella mexicana —madre de sus dos hijos— pasarán por la vicaría para darse el esperado "sí, quiero" el próximo 15 de octubre.

El enlace se celebrará en el palacio de Dueñas, propiedad de la familia Alba y una de las joyas de la arquitectura sevillana de finales del siglo XV y principios del XVI. Posiblemente, el conde de Salvatierra dé el «sí, quiero» con el uniforme de maestrante, el mismo con el que llevó al altar a su hermana, Eugenia.
La pareja, que tomó la decisión de casarse hace poco menos de dos meses, está llevando los preparativos en su línea habitual: con la mayor discreción. Pero antes de meterse en la vorágine de los prolegómenos nupciales, Cayetano y Genoveva quieren pasar un verano de lo más tranquilo y relajado. El jinete continuará cumpliendo con sus compromisos en las competiciones hípicas y Genoveva, como siempre, estará a su lado, apoyándole.

Hace pocos días, esas competiciones llevaron al conde de Salvatierra hasta Lisboa. Pero aquella ocasión era especial: los niños se quedaron en casa y la pareja celebró con esta romántica escapada su compromiso. Posteriormente, viajaron a Francia, para que el hijo de la duquesa de Alba compitiera en el concurso de Dinard. Allí tuvimos la ocasión de observar a una pareja enamorada. Quizá más que nunca. Numerosas muestras de cariño dieron fe de ello, entre los juegos de sus hijos, que sí les acompañaron en esta ocasión, como publicamos en estas mismas páginas.

Crónica de un anuncio esperado
Desde que saltó a la luz su relación y la noticia de que iban a ser padres, la eterna pregunta sobre cuándo formalizarían su relación estaba siempre en el aire. Sus circunstancias eran un tanto atípicas e incómodas, teniendo en cuenta que hablamos de dos personas solteras y padres de dos niños en común, comprometidas con su relación, que gozaban de una evidente estabilidad, que compartían techo y que habían manifestado que creían en el matrimonio. En las contadas ocasiones que la pareja habló sobre su situación, el tema de la boda era recurrente.

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