Chábeli Iglesias: 'Alejandro ya ha cumplido tres años y me gustaría darle un hermano pronto'

Vive al lado de su hermano Enrique, en una zona de Miami que les trae muchos recuerdos a los hermanos Iglesias, ya que fue allí donde vivieron mientras estudiaban. Cuando telefoneas y el matrimonio Altaba se encuentra ausente, la voz de Chábeli en el contestador te dice en español y en inglés que «Isabel y Christian no están. Isabel, sí, pero no Chábeli. Porque por mucho que ella trate de anteponer el primer nombre al segundo, en España, y, sobre todo, para su familia, siempre será Chábeli. Hoy, toda una mujer hecha y derecha, pero ayer, aquella jovencita llena de ímpetu y cierta rebeldía, propios de las chicas de su edad, a la que el paso de los años y, en especial, los consejos y lo mucho que de ella estuvo siempre pendiente su madre, Isabel Preysler, fueron apaciguando esa inquietud. También, todo hay que decirlo, el matrimonio con Christian Altaba y el nacimiento de su hijo, no exento de dificultades, como nuestros lectores recordarán, llenó la vida de Chábeli de sosiego y estabilidad sentimental, porque la familiar siempre la tuvo.

Ahora, Chábeli y su esposo nos han permitido entrar por primera vez en su casa, donde residen desde hace ya un año. Junto a ellos, Alejandro, ese niño por el que su abuela materna «bebe los vientos». Y viceversa. Tres años tiene ya el pequeño. Tres años de felicidad para esta familia.

—Chábeli, corre el rumor de que podrías estar embarazada.
—Alejandro ya ha cumplido tres años y nos gustaría darle un hermano pronto, pero, por ahora, no estoy embarazada.
—¿Entonces, te gustaría volver a ser madre?
—Por supuesto. No hay mayor satisfacción en la vida de una mujer que la de ser madre. Alejandro me da una alegría cada día.
—De todas formas, parece como si te hubiera quedado alguna huella psicológica de lo mucho que pasaste con el nacimiento de Alejandro.
—El nacimiento de Alejandro fue un momento muy difícil para mí, ya que lo que sucedió fue algo inesperado e inexplicable. He tardado un par de años en recuperarme de aquella difícil experiencia, hasta darme cuenta de que en la vida uno tiene que olvidarse del pasado y vivir el presente.
—Cambiando de tema, no hace mucho que vivís en esta casa.
—Ya hace un año. La compramos seis meses antes de que se terminase la obra y la acabamos a nuestro gusto. La he decorado yo, y todo el mundo me pide que le ayude a decorar su casa. Estos últimos años me he dado cuenta de que lo que más me puede gustar es la decoración, y lo más seguro es que me dedique a eso profesionalmente.
—Por algunos rincones se ve el gusto de tu madre, Chábeli.
—Mi madre tiene una casa ideal y, por supuesto, que en mi forma de decorar hay una influencia suya.
—Oye, ¿mejor quedarte corta que pasarte?
—Depende. A veces, cuando te quedas corta, piensas en qué hubiera pasado de haberlo hecho, pero eso es casi peor que preguntarte por qué lo hice.
—¿Algo que te es imposible perdonar?
—Todo se puede perdonar, pero el olvido es diferente.
—¿Hay miradas que matan?
—Hay miradas que dicen más que mil palabras.

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