José Antonio Canales Rivera y su esposa Mari Carmen posan por primera vez con su hijo

Ovación y vuelta al ruedo, pero el de la vida. Fue el pasado 30 de mayo cuando José Antonio Canales Rivera se enfrentó cara a cara con la mejor y también la más difícil de sus faenas: la paternidad. El primer hijo del torero y su esposa, Mari Carmen Fernández Deudero, que lleva su nombre, José Antonio, aunque familiarmente le llaman Pancho, nacía sobre las ocho y cuarto de la tarde en el hospital Puerta del Mar, de Cádiz, poniendo el broche de oro a una bonita historia de amor que culminó con la boda de la pareja el pasado 29 de octubre. José Antonio Canales Rivera es un hombre feliz y mientras conversa sus palabras irradian emoción a raudales. Porque sólo hay una ocasión en la vida en la que se puede ser padre por primera vez. Un triunfo personal que va unido también al profesional, a su mundo, al que como él dice: ‘Le debo todo’. Con Pancho entre sus brazos, el diestro habla pleno y sincero del especial momento que está viviendo, de lo que ha significado para él la llegada de este hijo y de sus ilusiones. Porque a José Antonio Canales Rivera aún le quedan metas por alcanzar, tardes de gloria y sueños, muchos y buenos, por cumplir.

—Cómo cambia la vida, a pasos agigantados…
—La verdad es que en cuestión de año y medio me ha cambiado muchísimo, pero desde hace tres semanas ha sido un cambio radical. Uno ya sólo piensa en él, todo lo hace por él y todo es para él. Y además todo es poco para que él esté lo mejor posible.
—Maestro, parece que tu hijo ha venido, además, con un pan bajo el brazo. Nos referimos a tu triunfo el pasado sábado en Coslada (Madrid), donde saliste a hombros en la que fue tu reaparición tras tu reciente paternidad.
—Sí, la verdad es que sí. Además, es curioso, porque en un principio iba a ser un parto programado por cesárea porque el niño venía de nalgas, así que estaba previsto para un martes, pero Mari Carmen rompió aguas y entró en urgencias un día antes, el treinta, y digo que es curioso, porque cuando la estaban colocando en el paritorio para operarla, me llamó mi apoderado para confirmarme que estaban cerrando precisamente fechas en Madrid, y era una cosa que yo tenía metida en la cabeza. Fue precisamente en ese momento, así que también todo lo que es mi vida profesional se ha consolidado un poco.
—¿Cómo te has enfrentado al toro ahora que eres padre, con un nuevo ímpetu, con más ilusión?
—Siempre me he sentido muy profesional en mi mundo, pero de un tiempo a esta parte, mejor dicho, del treinta de mayo hasta el momento, lo hago con una ilusión tremenda de hacer las cosas bien, de divertirme con mi profesión, de pasarlo bien. Ahora intento hacer lo mismo vestido de torero que en casa, que es disfrutar de lo que tengo.
—¿También con más responsabilidad?
—Eso viene añadido, la responsabilidad viene añadida con el bebé, con el cargo de padre, pero también existe mi responsabilidad profesional ante un público, y eso hasta el día que no deje de torear no va a dejar de existir.
—¿Y más miedo o respeto?
—Siempre me visto de torero con una responsabilidad y un respeto tremendos. Lo que pasa es que, claro, ya no sólo tienes a tu mujer esperándote, y ahora con el niño, como es tan pequeñito y tan indefenso y en el fondo está tan solito, pues la verdad es que uno lo piensa.
—¿Se te ha pasado por la cabeza la retirada?
—No, de momento no. No sé el tiempo que voy a estar profesionalmente, pero el que esté va a ser siempre al cien por cien de mis posibilidades. A mi profesión le debo todo lo que soy.
—¿Y Mari Carmen te lo ha pedido?
— No, para nada, porque cuando comencé a salir con mi mujer ya era matador de toros, y ella sabe perfectamente que eso es mi vida; además, todo lo que tengo, todo lo que soy y todo lo que seré se lo debo a mi profesión. A mi hijo le deberé muchísimas cosas, pero de momento lo que tenemos se lo debemos a mi profesión.
—Hablábamos de la responsabilidad en tu profesión, pero‚ ¿te da miedo la de ser padre?
—No me da miedo en absoluto. Al contrario, lo estoy llevando con mucha ilusión y alegría. Yo lo que quiero es que él respire alegría en casa por todos los lados, porque creo que para un niño es fundamental.
—¿Cómo se te plantea la temporada?
—Este año, la perspectiva es de ir a América y además me gustaría ir, aunque me da pena porque no deja uno de pensar en lo que se queda en casa.

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