Paloma Lago acudió, acompañada por Álvaro Bultó, a la Comunión de su hijo Javier

La primavera estalla, y con ella la época de la BBC, que no es el auge de la cadena británica sino el de las bodas, bautizos y comuniones. Es el tiempo del buen tiempo, el que mejor acompaña las celebraciones familiares. Y la familia Obregón también tuvo su particular fiesta con la Primera Comunión de Javier, hijo de Javier García Obregón y Paloma Lago. En una familia que ya no es tal —tras una separación — se podrían suceder situaciones un tanto comprometidas, encuentros más o menos embarazosos y conversaciones propias de ascensor si no fuera por la categoría de los que la integran. Las parejas que ya no lo son se encuentran en la tesitura de dejar a un lado sus eventuales desavenencias para poner al mal tiempo buena cara por un bien mayor. Como debe ser: todo muy civilizado, muy adulto y muy educado. De esta forma, todos unidos arroparon al pequeño Javier. Poco importaba que Javier y Paloma lleven separados cinco años, que cada uno haya rehecho su vida por su lado, que acudieran con sus respectivas parejas...

De esta forma, Paloma llevó de acompañante al deportista Alvaro Bultó, con el que ha estado más de una vez a un paso del altar, y finalmente lo que ha dado es un paso, aunque atrás. Lo cierto es que su presencia era la confirmación de que su relación sigue adelante, algo que la modelo y presentadora no había querido confirmar en sus últimas apariciones públicas —"estoy en una nueva etapa, una etapa tranquila y discreta..."—, quizá por la presión mediática que sufrió después de que rompieran su compromiso. Paloma llegó del brazo de Alvaro, en lo que se interpreta como una confirmación de que ya no hay nada que esconder, que lo suyo vuelve por sus fueros y que lo hacen con paso decidido. Se acabaron las medias tintas y el jugar al escondite. Por su parte, Javier García Obregón acudió acompañado de su esposa, María Tevenet, con quien tiene un niño, Juan, de casi dos años. Javier parece haber encontrado la estabilidad sentimental al lado de María, después de diez años de matrimonio con Paloma.

Una lección de saber estar
Y en esto se sucedieron los encuentros, que no desencuentros, de parejas cruzadas que mantienen, al menos por lo que parece, una excelente relación. María y Paloma, por un lado, y Javier y Alvaro, por el otro, y, por fin, Javier y Paloma. Todos se saludaron amigablemente, sin que se presuma ningún tipo de resentimiento. Así da gusto. Una lección de saber estar, a pesar de la complicada situación (algo así como una ensalada de "ex"). Felices y sonrientes, arroparon al pequeño Javier, encantado de reunir a su gran familia.

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